jueves, diciembre 15, 2016

El Pollo

La mejor forma de aprender, la mejor forma de percibir el mundo y de digerirlo es a través del juego. Es más divertido Waze que Google Maps porque sumas puntos al reportar cosas en tu camino, aunque no ganas nada con esos puntos. Lo mismo con Trip Advisor, donde te haces acreedor a insignias por cooperar, que no sirven para nada más que para alimentar un extraño ego disfuncional.

En la infancia era igual, y la mejor forma de entender el mundo era a través del juego. A tal grado que inventamos juegos para iniciar otros juegos, un juego dentro de un juego: INGAMEPTION. Llamémosles pre-juegos, pues.

Algunos pre-juegos eran ‘Zapatito Blanco-Zapatito Azul’, ‘Pin-Pon-Papas’, ‘¿Con qué dedito te pi-qué?’ –suena espantoso ese, ahora en la edad adulta y cochambrosay ‘En el Río Titicaca una vieja se hizo caca’. Estos pre-juegos servían para definir la primicia para tomar turnos en el juego en puerta. Supongo que los niños de ahora deben usar un app para esto.

También existía ‘Gallo-Gallina’, que consistía en avanzar paso a paso, tocando la punta del pie con el talón del otro, hasta alcanzar a tu oponente. El primero en pisarle el pie al otro ganaba. Luego algún gandaya se inventó el recurso del “pollito” para tomar una desleal ventaja, una especie de comodín voluntarioso que permite recortar una pisada con el objetivo de dejar al otro en desventaja.

Sorprendentemente nadie se inventó el “huevo”. ¡Qué burros! Por sus cualidades físicas podía ser algo así como el Expecto Patronum del ‘Gallo-Gallina’. Con su superficie redonda podrías haber definido que su cualidad era rodar hasta pisar los pies del contrincante o alguna jalada así.

Mucho nos cuestionamos sobre el huevo, la gallina, el gallo y el pollo. ¿Quién fue primero? ¿Por qué cruzó el camino? y recientemente me surgió una nueva: ¿Cuál comemos? ¿Lo que comemos realmente es pollo o es una gallina con buen marketing detrás, para que suene más apetitoso?

En mi cabeza los pollos son chiquitos, como los de feria –¡¿quién creyó que era buena idea regalar un pollo en una feria?!, son pollos que caben en una mano. Al ver el tamaño de unas buffalo wings tiene todo el sentido, pero luego compro un pollo rostizado y algo no me cuadra. El pollo parece una versión aviar de Jack, el niño con cuerpo de Robin Williams en la película de 1996.

En mi libro académico ‘Disertación Sobre las Diferencias de la Familia Phasianidae del Orden Galliforme y sus Implicaciones Nutricionales en Función de la Sociedad Post-moderna’ abordé esta temática de trascendencia cultural con las siguientes conclusiones:

Resulta que no es una estrategia de marketing. Sí estamos comiendo pollo, o sea el hijo del gallo y la gallina que todavía no es adulto. Está súper cruel eso, nos convierte en asesinos de menores.

Un pollo se considera pollo hasta los 5 meses de edad, después de eso le hacen su Bar Mitzvah y se convierte en gallo o gallina según sea el caso. Cuando comemos pollo, éste tiene aproximadamente 2 meses de edad, ¡todo un polluelo! valga la expresión.

Lo que pasa es que en esos meses crece mucho, como en esteroides. ¡Casi como si le hubieran metido hormonas! ¡Sacrilegio!

Cometemos la atrocidad de comernos a estas indefensas crías porque su carne es suave. La carne de gallina en cambio tal vez con los achaques de la vida se hace más dura. Lo mismo con el gallo, además de que si no se cose de manera adecuada tiene un sabor agrio, supongo que por las presiones de su trabajo.

Entonces decidimos su estructura social de manera bastante canija. Fungimos como padrotes de las gallinas y las criamos para que pongan huevos, una y otra vez. Los gallos son muy gallos, entonces necesitas uno, a lo mucho un par, para fecundar al resto de las gallinas. El resto de los gallos nunca llegan a ser gallos y acaban con un plato de mole o en unas alitas de Hooters. Más o menos aplica la misma ley del barco hundiéndose pero al revés: Niños y mujeres primero.

Y pus ya, queda resuelta la duda del pollo.

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