miércoles, noviembre 09, 2016

Avanza la ignorancia

¿Te acuerdas del juego de mesa Maratón? Un juego inventando por el mexicano Sergio Schaar Chabat, donde competías, a través de conocimiento y cultura general contra otros participantes, pero principalmente contra la ignorancia. La ignorancia avanzaba casillas cuando los participantes erraban su respuesta. Así las cosas, así la vida. Más allá de un tablero, unos dados y unas fichas.

Cada vez que tomamos decisiones sin realmente informarnos como personas, como sociedad o como humanidad, avanza la ignorancia. Este año ha avanzado muchas casillas y ya nos está ganando, con una gran ventaja.

Hay algo que me ronda la cabeza desde hace un par de años, tal vez más: La democracia no apela a la razón sino a la popularidad, pero popular no es sinónimo de mejor. Creemos que la elección de un gobernante por mayoría de votos es equivalente a la mejor elección.

El problema es quién vota. Ponemos en manos de todas las personas el rumbo de un país, sin que las personas estén necesariamente informadas, educadas y documentadas para elegir un líder. Los elegimos con base en la percepción, no en la realidad; en lo que aparentan ser, no en lo que son; en lo que queremos escuchar, no lo que debemos escuchar.

Así es como se elige a alguien; no por el profundo entendimiento de la política pública sino por un producto mercadológico construido para generar atracción. Se elige a alguien porque la percepción se convierte en la realidad, se elige a alguien porque las apariencias se vuelven dogmas y se elige a alguien porque le damos más valor a nuestras preconcepciones que a afrontar una verdad.

Y sí, la ignorancia sigue avanzando porque no aprendemos, porque tenemos una tendencia a favorecer la información que confirma nuestras creencias e hipótesis.

Se le atribuye a Napoléon Bonaparte la frase “aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla”. Son muy claros los patrones que han llevado a que la ignorancia vaya muy avanzada en las casillas de nuestro Maratón, pero el problema de la obviedad es que se vuelve obvia después de ser expuesta, A posteriori. Como dicen: una vez ahogado el niño, tapan el pozo.

Este año pasó con Inglaterra y su votación para salirse de la Unión Europea, este año pasó con la búsqueda de paz en Colombia, este año pasó incluso en las elecciones en México, donde se esperaba sin concesión a la duda, que el PRI ganaría en algunos estados como Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo.

En todos los casos, la respuesta fue la opuesta a la expectativa; porque estamos acostumbrados a creer en lo que nos conviene creer. Porque creemos que somos una muestra representativa de la opinión y creencia de todo un país, porque creemos que nuestra opinión es la opinión de todos. El sentido común es el menos común de todos los sentidos ¿qué no?

Parece increíble que en la era de la información, lo que más fluye es la desinformación.

¿Cuántas frases del Papa Francisco, de Ghandi y de la Madre Teresa hemos compartido que no son de ellos? Pero confirman nuestra creencia, entonces les damos validez. ¿Cuántas veces hemos recibido en Facebook un texto donde le quitas el derecho a Mark Zuckerberg de poseer ciertos datos? Pero lo compartimos porque confirma nuestra creencia.

Le damos validez a estudios, a opiniones y a encuestas porque nos dicen lo que queremos escuchar.  Hoy más que nunca, el mundo entero se mueve por proyecciones, predicciones, estudios y data; y hoy más que nunca, estos indicadores nos han hecho una jugarreta. No solo las elecciones, también el rating de la televisión, los clicks y views en medios digitales, la efectividad del punto de venta en los autoservicios. El mundo entero se está moviendo por indicadores que nos dicen lo que queremos escuchar y que en muchas ocasiones se ha probado que las métricas no son correctas, pero no importa, porque depositamos en una entidad externa nuestra fe, nos lavamos las manos porque nos conviene.

Es un momento de intensa reflexión sobre la democracia, es un momento de reflexión sobre la información. No está mal que ambas existan, lo que está mal es no cuestionarlas, porque si no, avanza la ignorancia.

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