lunes, octubre 17, 2016

Ch-ch-ch-ch-changes

Cuando un músico logra un hit, sabe que la fórmula funciona y la repite. Tiene un sello distintivo que lo persigue como una sombra amigable que le ha dado fama y dinero.

Las langostas crecen un exoesqueleto que las protege, pero cuando siguen creciendo, este “caparazón” les deja de quedar, les aprieta. Entonces hacen un cambio, se quitan esa coraza que los protegió durante tanto tiempo, crecen una nueva y se salen de su zona de confort.


Al músico le pasa lo mismo que a la langosta; aquello que lo hizo fuerte le empieza a apretar, a incomodar. Ya no cabe dentro de esa imagen que creó. Lo vemos repetidamente. Los Beatles migraron de She Loves You a I Am The Walrus y les fue bien.

A otros no. recuerdo a Robbie Williams con una fórmula muy clara en Rock DJ y nada más no logró hacerla con Rudebox.

A eso Darwin le llamó evolución. Comúnmente confundimos este término con la supervivencia del más fuerte, pero no. De ser así, el mundo animal estaría lleno de animales en esteroides, las hormigas medirían dos metros y el ser humano, como especie dominante, tendría que romperle la cara a un tigre en un mano-a-mano.

La evolución es realmente la supervivencia del más adaptable. El que logra acomodarse a las nuevas circunstancias es el que logra salir avante.

Hoy este espacio evoluciona. Cuando hice este blog lo bauticé de la forma más pura posible; iba a ser el espacio donde me dejaría ir a rienda suelta, donde diría lo que quisiera sin censura editorial, puntos de vista libres –a veces sustentados con fuentes, otras no–. Un espacio para tener una diarrea de ideas, sin ningún tipo de estreñimiento en mis palabras.

Así fue como llegó a su nombre:


“Diarrea de Ideas” me permitió soltar la pluma –el teclado, pues– y hablar de temas muy controversiales, poco convencionales e incluso meterme en un par de líos con personas y culturas. Tuvo su época de furor pero dejó de tenerla cuando Twitter; cuando la gente decidió que no valía la pena leer nada con más de 140 caracteres. No por eso dejé de escribir, se convirtió en una especie de diario personal sobre reflexiones de cualquier índole que si, por chiripa, alguien pasaba a leerlo, se beneficiaría mi ego.

Este espacio fue mutando. Poco a poco me fui limitando, no tanto en el lenguaje (puto, pendejo, pinche ¿ves?), sino en los temas que abordé. Pero el medio es el mensaje, como bien decía Marshall McLuhan. Si vas cambiando el medio con el cual te comunicas, tu mensaje también se modifica.

Leo lo que escribía hace 5 años y me gusta el ritmo, la irreverencia y los temas. Esa desfachatez se fue comoditizando, pero también se fue censurando. Escarmentando en cabeza ajena –y a veces propia– vi las consecuencias de no tener un filtro en el mundo online. Sigo sin abrazar esa moral snob que está asfixiando al humor políticamente incorrecto, pero simplemente es insostenible. Puede tener consecuencias personales y profesionales que no vale la pena arriesgar por exponer públicamente un punto de vista que a veces ni es propio, que a veces es un chistín sin dolo pero algunos azotados llevan a la hoguera.

Y así llega la evolución de este blog, no como un punto de partida sino como una consecuencia de algo que ya vengo haciendo. Leo lo que he escrito en los últimos años y ha perdido esa sazón. No pierde del todo su esencia pero, al igual que el músico y la langosta, el exoesqueleto de “Diarrea de Ideas” le dejó de quedar.

Hoy me pongo más mafufo y avant-garde. Me invento un nombre de buró para un lugar donde procrastino, donde tomo una bocanada de aire fresco antes de regresar a la rutina. Al mismo tiempo es un lugar donde creo e invento por iniciativa propia, nada gano más que la satisfacción personal de hacerlo. Es un espacio designado para eso, una nación con fronteras que contiene mi proactividad creativa.

De ahí el juego de palabras. Pro-Creative Nation y Procrastination. Dos conceptos opuestos que se mezclan de forma homogénea. Un oxímoron que le da un sentido a esta combinación de ideas contradictorias. Una diarrea de ideas pero con algo de Pepto Bismol.


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