lunes, noviembre 09, 2015

Todos somos Dr. Frankenstein

La sabiduría popular está llena de errores y huecos. Si repites una mentira la suficiente cantidad de veces, la haces realidad en el conocimiento colectivo. Eso ha sucedido en los libros de historia –la SEP insiste en enseñarnos sobre unos niños héroes– y sucedió con Frankenstein. Creemos que el monstruo se llama así, pero Frankenstein es el Doctor que creó al monstruo, no el monstruo per-se.

Los perros.

Esas cosas regordetas que amamos. Pachoncitos y cariñosos. Forman parte de nuestra familia. Nos dan un cariño incondicional y son la creación de Dios más noble y hermosa.

O no.

Si te gusta la comida orgánica, debes tener un conflicto con los perros. Digamos que los perros no son orgánicos.

Los perros son una especie creada por el hombre, no por la naturaleza. Dios no los hizo nuestros mejores amigos, nosotros los hicimos con una selección artificial.

Son una parte tan arraigada de nuestra realidad que nos cuesta trabajo creer que su origen fue tan nazi como los ideales de Adolf Hitler. Fuimos eligiendo y reproduciendo a los lobos silvestres más dóciles, matamos a los agresivos, los fuimos cruzando con otros similares y, como el Doctor Victor Frankenstein, dimos vida a nuestra propia creación. Eso se llama domesticación.

Desde hace miles de años hemos hecho esto; pero tan reciente como hace 100 años, decidimos llevar a estos animales genéticamente modificados un paso más allá. Decidimos inventar las razas por diversión y por ocio. 90% de todas las razas de perro fueron creadas en el periodo victoriano de Inglaterra, por moda, por status social, por competencia.

Un Pastor Alemán no evolucionó en un Pastor Alemán, un Chihuahueño no encontró el camino natural para ser tan pequeño. Las razas de perros son manipulaciones genéticas del último siglo.

Luego decidimos bautizar a nuestras creaciones como “razas puras”, como firma para distinguir nuestra creación de la de otros, pero la realidad es que las razas son completamente arbitrarias.

Muchos puristas de los perros retoman este origen europeo de las razas y hacen campañas de superioridad moral para que la gente adopte perros mestizos en vez de razas puras. Dicen que los perros son seres vivos que no deben escogerse a la carta; pero la mera existencia de los perros, mestizos o de raza pura, son inventos del ser humanos en distintos periodos de la historia.

Esa persona que critica a los que quieren un Labrador no se da cuenta que cualquier perro es una selección arbitraria del ser humano. Lo invito a adoptar un lobo salvaje de Alaska, el verdadero perro orgánico y puro.

La elección física superficial es parte fundamental en la evolución de las especies. Por eso el pavorreal tiene un plumaje exótico, por eso un gorila que es el macho-alpha tiene la espalda plateada y por eso la gente se siente atraída a personas simétricas y con ciertas características físicas; estamos haciendo una selección de la especie tan arbitraria como con el Golden Retriever.

Comprar un perro con ciertas características no está mal. Aquel que se siente superior tratando de educar al mundo diciendo que deben adoptar perros mestizos de la calle porque hay una sobrepoblación y por la crueldad intrínseca de las razas puras, espero nunca verlo un día paseando en el parque con su perro y su hijo, a menos de que su hijo sea adoptado; porque de esos también hay muchos y al decidir tenerlo con tu pareja estás eligiendo las características físicas que deseas.

Sin duda las razas puras pueden afectar la calidad de vida de los perros, como el bulldog. Esto se debe a que cruzan a los primos y hermanos para mantener la raza. Lo mejor que podemos hacer es tomar decisiones más informadas sobre las razas más afectadas por esta selección artificial y con base en eso decidir si queremos un perro de raza pura o mestizo. Un bulldog no debería existir, por amor a la vida misma.

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