martes, septiembre 01, 2015

No me hagan darles la razón

El bueno, el malo y el feo. Protagonistas, antagonistas y personajes secundarios. Mexicanos, Peña Nieto y Donald Trump.

En la película que somos como sociedad, a veces es muy difícil irle a los chidos. Hollywood lo hace bien. El héroe, a pesar de sus defectos, lograr salir triunfante gracias a sus virtudes. Pero en nuestra película la armamos tanto de pedo que a veces nos convertimos en el protagonista insoportable… en el Ted Mosby.

Y es que recientemente dos eventos que me hicieron decir “¡Puaj! Ya la cagamos por tirarnos al drama”.

Primero Peña Nieto con sus calcetines al revés. Y es que no importa si es un inútil o no. Cuando las ganas de ser superiores moralmente nos nubla de la realidad caemos en la exageración, en los superlativos que hacen que todos los argumentos anteriores pierdan valor.

Cuando lo calificamos de pendejo siendo más pendejos que él, él gana y nosotros perdemos. 

Ese peligroso botón de share –o retweet nos facilita crear polémica y juzgar sin verificar la información y las fuentes. Y nos sale el tiro por la culata; le ponemos alfombra roja para que nos demuestre que los pendejos somos nosotros.

Lo mismo con Donald Trump. El mensaje de rechazo de la comunidad latina, por muy válido que sea, se ve ensordecido cuando un periodista no respeta los canones establecidos de una conferencia de prensa. Si sabes que el niño es chillón ¿para qué le mueves la cuna?

Lo único que logró Jorge Ramos es darle argumentos a Mr. Trump. En vez de lograr exhibir sus muy válidos cuestionamientos, los enterró por una nota menos importante pero más sensacionalista: “Me corrió de la sala porque odia a los mexicanos”. Lo cual, al igual que los calcetines, carece de sentido y de bases reales.

Donald –no el pato– se defiende diciendo “Le iba a dar la palabra en su debido momento, pero quiso hablar cuando no era su turno”. ¿Cierto o falso? Da igual, el hubiera no existe, gracias a la poca pertinencia del reportero Trump fortalece su argumento. Punto para el gringo.

Entonces vámonos entendiendo y vamos bajándole a nuestros berrinches, que nos sucede como Pedrito y el Lobo, el día que tengamos razón ya nadie nos va a creer. Así que no sean gachos. A la próxima guardemos mesura, no me hagan darles la razón.



Post-post:Pedro y el Lobo’ es una sinfonía musical para niños que no tiene nada que ver con la fábula del niño que grita “¡ahí viene el lobo!” y nadie le cree por sus continuas mentiras. Algunos argumentan que esa historia es ‘Juanito y el Lobo’, pero entre que si son peras o son manzanas, yo crecí escuchando que era ‘Pedrito y el Lobo’. Sinónimos de obras con diferentes definiciones.

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