lunes, septiembre 28, 2015

Juegos Olímpicos en drogas

¿100 metros planos en 7 segundos en vez del actual 9.58? ¿Salto de longitud de 14 metros cuando el récord no se rompe desde 1991 y es de 8.95 metros? ¿Nado estilo libre de 100 metros en tan solo 30 segundos en vez de los 46.91 que tiene el record del brasileño

¡A huevo que vería esas Olimpiadas! ¡Sería lo más cercano a ver una competencia de los X-Men dando lo mejor de sí!

Para llegar a ese punto necesitamos aceptar una realidad incómoda: Serían las primeras Olimpiadas con dopaje permitido. Sólo así tendríamos una probadita del verdadero límite físico del ser humano.

¿Si existen los juegos Paralímpicos para personas con capacidades limitadas, por qué no inventar los juegos Súperolímpicos para personas con capacidades revolucionadas?

Si en los juegos Paralímpicos se utilizan factores externos tecnológicos para participar, como prótesis de titanio o sillas de ruedas cada vez más ligeras, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con participantes sin discapacidad? Para tal caso, los juegos Paralímpicos deberían ser sin ayuda de aparatos externos.

Antes de que Oscar Pistorius se convirtiera en un loco asesino, ganó fama por participar en las Olimpiadas de Londres 2012 pero… ¡No tiene piernas!

Participó con la ayuda de prótesis artificiales, contra otros atletas que tenían prohibido mejorar su desempeño con factores externos. La tecnología le permitió mejorar facultades humanas injustamente para sus contrincantes: sus piernas artificiales pesan menos y tienen resortes que le dan empuje.

Si lo piensas, ¡Oscar Pistorius es un cyborg–término derivado de la combinación de “Cibernética” y “Organismo”–!

¿Por qué el Comité Olímpico permite que un cyborg compita contra humanos comunes y corrientes pero no permite que el humano común mejore su desempeño?

El punto de todo esto es que hoy se permite mejorar el desempeño con tecnología pero no con drogas. Incluso un atleta sin discapacidad mejora su rendimiento con los tenis de última tecnología o el traje de baño de “piel de tiburón” que ayudó a batir varios récords antes de su prohibición –¿Dónde y quién pinta esa línea entre lo permitido y lo prohibido? ¡Quién sabe!

Si la filosofía detrás de la prohibición de las drogas es porque queremos presenciar al hombre más rápido del mundo, porque queremos ser testigos de la maravilla genética del ser humano, la tecnología debiera ser erradicada de las competencias y Usain Bolt tendría que correr descalzo.

Actualmente, lo que las Olimpiadas nos permiten admirar, reconocer y aplaudir son los genes de los más fuertes, los más rápidos, los más atléticos… eso es una filosofía muy Nazi ¿qué no?

Si ya permitimos cierta tecnología para mejorar el rendimiento, si ya permitimos que entes mitad-hombre-mitad-máquina participen contra humanos corrientes, estamos terqueando muy gacho al no permitir que un tipo destroce una marca mundial con el uso de drogas.

Lance Armstrong fue despojado de sus campeonatos en el Tour de France por incrementar de manera artificial el número de glóbulos rojos en su sangre, pero le permitimos a cualquier atleta la ingesta de glucosa –simple azúcar o un Gatorade– sin penalización alguna. ¿Qué hace diferente a una cosa de la otra? Ambos son sustancias externas que ayudan a mejorar la fisiología y rendimiento del atleta utilizando la ciencia como medio.

Así que por única vez me atrevería a decir: Sí a las drogas.

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