viernes, marzo 20, 2015

Los niños con los niños y las niñas con las niñas

Tan fácil que todo era cuando nadie salía del clóset por represión social. Habían dos bandos: los niños y las niñas.

Luego evolucionamos y dejamos de ser tan estúpidos –algunos– como para juzgar a alguien por su orientación sexual. Un mundo más plural, más libre, más feliz y más complicado.

Más complicado porque ahora tenemos un pedo en los baños.

Una pipa y una sombrilla, un tornillo y una tuerca, un monito y una monita; así de fácil podías saber qué puerta abrir cuando la naturaleza llama en un restaurante, gimnasio o lugar público. La mayor confusión se daba con las letras H y M, ¿Hombres y Mujeres? O tal vez justo lo opuesto ¡Hembras y Machos!

Creo que nadie cometía ese error más que mi retorcida cabeza.

¿Por qué empezamos a separar los baños según el sexo? Mi instinto indica que se hizo para no incomodar a las mujeres con las miradas perversas –y pervertidas– de los hombres.

¿Qué sucede ahora? Ya tenemos conciencia de que hay más que un duopolio en la orientación sexual. Separar a los niños –definidos por la presencia de un miembro viril– y las niñas –la falta de éste– no alcanza para evitar la incomodidad de recibir miradas indecentes saliendo del retrete.

Hoy los gays tienen ese privilegio. Pasan desapercibidos, silenciosos, mientras pueden disfrutar del cochambre mental viendo a su público objetivo con ojos de lujuria en completo anonimato.

¿Qué hacer? ¿Un baño para hombres heterosexuales? ¿Uno para mujeres heterosexuales? ¿Uno para mujeres gay? ¿Uno para hombres gay? ¿Otro para travestis?

Primero, necesitarías muchas hectáreas para facilidades higiénicas, probablemente ocuparías más metros cuadrados que el espacio designado para el restaurante o gimnasio. Segundo, no deberías meter a los gays de un tipo juntos porque significa que hay potenciales vistas morbosas todo el tiempo.

Actualmente, las mujeres tienen escusados totalmente individuales, con puerta y todo. Los hombres también; y fuera de las correccionales, las gasolineras y el Estadio Azteca, hay una división física entre mingitorio y mingitorio.

Mi propuesta es que todos deberíamos usar los mismos baños. Sin distinción de gustos sexuales. Algunos lugares avant-garde –y el Charco de las Ranas– ya ponen lavamanos comunitarios, sin discriminación de raza, religión, orientación sexual, condición física o socioeconómica. ¿Por qué no hacer lo mismo con los escusados y mingitorios? ¿Nos da pena escuchar los pedos del sexo opuesto?

Un baño para todos es la solución. Y que chingue su madre el pudor.

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