lunes, octubre 06, 2014

Vuelo Incoherente con Destino al Absurdo

Qué lindo es viajar. Conocer nuevos mundos y nuevas culturas. La bonita experiencia antes de abordar, desayunar en el Wings –es poético que así se llame el restaurante del aeropuerto–, echarse un roll de Cinnabon y buscar la casa de cambio más barata entre las docenas de la terminal para ganarle $7 pesos.

Después tienes que cruzar hacia la puerta de embarque.

A partir de aquí se convierte en una experiencia surrealista. La TSA –Tremendous Stupidity at Airports, por sus siglas en inglés– es como el Gato de Cheshire en Alicia en el País de las Maravillas, de los aeropuertos. Lo único que hace es confundirte y crear paradojas en el transcurso de tu aventura.

Y es que en nombre de la seguridad tienen la práctica más asquerosa: Quitarte los zapatos y pasar por donde miles de personas pasan a diario con calcetines sudados o descalzos. Producen más hongos que los secuestros de aviones que previenen, algún acuerdo económico deben tener con Ting o Lamisil.

Por supuesto, si eres menor de 12 años o mayor de 75, no tienes que quitártelos, esas son las reglas; porque ningún terrorista puede escabullir sus explosivos en niños y personas de tercera edad, es físicamente imposible.

Creo que la TSA le da muy poco crédito a los terroristas. No son amateurs. Estos güeyes tienen toda una compleja red de información e infiltrados como para superar la complejidad que posa cruzar descalzos un escáner.

Por ejemplo, he escuchado en diversas ocasiones que ciertas personas que llegan a Estados Unidos son detenidas e interrogadas por más de una hora. Esto les pasa siempre. Cada vez. Todas las veces.

Se debe, según cuentas los afectados, a que existe algún malandrín homónimo; pero a pesar de contar con fotografía, historial de su pasaporte, huellas dactilares, fotografías y tipo de sangre, no logran ver la diferencia entre un sujeto y otro, como si estuviéramos en el año 1,756. Es decir, podemos levantar una madre de metal de 397mil kilos en el aire para cruzar de un continente a otro en 6 horas, pero no podemos reconocer la diferencia entre dos sujetos totalmente opuestos, porque tienen el mismo nombre.

Para estas pobres personas, lo más recomendable es que se cambien el nombre, como lo hizo un canadiense. Se le pudo ocurrir a un hombre de negocios pero no a un terrorista, porque son retrasados mentales.

La prohibición de ciertos artefactos hace aún más cómica la experiencia de viajar. No puedes traer una navaja que te ayudará a cortar las cochinadas de plástico con las que cierras la maleta desde que prohibieron los candados, pero tienes permitido ingresar un desarmador de 18 centímetros de largo o unos patines de hielo recién afilados.

¿Prohibir una botella de shampoo en la cabina? ¿Qué vas a hacer? ¿Echársela en los ojos al piloto para dejarlo ciego y derribar el avión?

Aparentemente hay formas de matar con botellas agua, además de ahogarse. No puedes entrar con una botella de agua, pero puedes comprar todo un cargamento de botellas cruzando seguridad y subirlas al avión.

Ya luego se dieron cuenta de su estupidez y nos permitieron subir máximo 100ml. Porque con 100ml de agua o shampoo ya no eres una amenaza, pero no traigas 350ml porque corres el riesgo de no abordar. ¿Qué pasa si son 5 terroristas en el mismo vuelo y cada uno viaja con 100ml? Estaríamos hablando de que llegan medio litro de agua en el avión. ¡Whoa! ¡Cuidado aviones, no se vayan a caer!

Probablemente una de las restricciones más debatidas es el hecho de apagar aparatos eléctricos durante el despegue y aterrizaje porque interfieren con los sistemas de navegación. Me impacta que un avión de 280 millones de dólares no pueda prevenir esto, pero un iPhone de primera generación pueda funcionar perfecto con señal de teléfono, internet y GPS –ahem, sistema de navegación– sin ningún problema.

Las señales de celular nos rodean en todo momento. Viajan por el aire, todo el avión puede apagar sus teléfonos y seguiría siendo bombardeado por la señal de miles de teléfonos a su alrededor. Nunca se ha registrado un solo accidente por esta causa, pero aparentemente las azafatas se enfurecen si utilizas tu teléfono, no porque representes una amenaza, sino porque no las pelas a la hora de dar su show con chalecos inflables. Su minuto de fama se ve amenazado por checar Whatsapp.

En el último vuelo me obligaron a apagar mi Kindle bajo el argumento de que tenía que prestar atención a las recomendaciones de seguridad. O sea que está bien leer un libro de papel pero no uno electrónico porque estudios recientes demuestran que leer en una pantalla que no emite señales de ningún tipo afecta mi atención más que leer un periódico.

¿Por qué debes sacar la laptop de la maleta para pasar por los rayos X pero no los teléfonos, tabletas, lectores electrónicos y videojuegos? ¿Qué hace tan especial a la laptop? ¿No será un tema de racismo en contra de las laptops? Medio sabemos que lo hacen con las personas, bien lo podrían hacer con los equipos electrónicos.

Pero no todo es negro. A veces sus políticas de seguridad son en beneficio nuestro, pensando en nosotros, los pasajeros. El mejor ejemplo es cuando te piden que abras las cortinas de las ventanillas al despegar y aterrizar. Como no tiene nada que ver con tu seguridad –porque qué mierdas tiene que ver–, lo hacen para que disfrutes de los hermosos paisajes citadinos desde las alturas.

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