miércoles, septiembre 17, 2014

Querido Apple, tenemos que hablar

Esa frase espanta a cualquiera. Nada bueno viene de “tenemos que hablar”.  Te felicito por el lanzamiento del iPhone 6 y el Apple Watch, pero hoy quiero hablarte del álbum que me regalaste de U2 y de la desaparición del iPod Classic.

Te salió el tiro por la culata con el álbum de U2. Seguramente estás sacado de onda. “¿Cómo es posible que te regalo algo y a cambio me escupes en la cara?” – te preguntarás.

Por una parte tienes razón. Tus consumidores somos unos malagradecidos.  Somos la generación del “repelar por repelar”. Si me cobran la música me quejo, ¿si me la regalan? También me quejo. Las nuevas generaciones estamos embriagadas con un poder mal digerido que nos ha otorgado el internet y las redes sociales. Estas herramientas nos han dado voz pero se nos ha subido a la cabeza y ahora nos quejamos simplemente porque podemos.

Creemos que por tener una opinión, podemos desaprobar todo lo demás. Y esta tendencia crece como metástasis social.

No sé si tú sabías esto, Apple, pero trabajo en el mercado de la publicidad. En este ámbito hacemos una cosa que se llama “lluvia de ideas” y para hacerlas, existe una regla de oro: No vale desaprobar la idea de otro. Una mala idea puede ser la semilla de una grandiosa idea.

Por eso te pido perdón, Apple. Hemos desaprobado tu regalo y te hemos criticado por dárnoslo. Tal vez a muchos no les guste U2 y a otros sí, pero como dice el dicho: A caballo regalado no se le mira el diente.

A una semana de tu regalo podrás darte cuenta que fue muy mala idea. Somos una bola de ingratos. Pero tampoco puedes enojarte con nosotros, Apple. Porque el enfurecimiento no es por el regalo, sino por cómo nos lo diste. Porque trasgrediste nuestra confianza.

Tu error no fue regalarme el álbum de U2; tu error fue despojarme de mi libre albedrío. Pudiste darme la opción de descargarlo gratuitamente desde la iTunes Store. ¿Pero meterte a mi librería y ponerlo ahí sin mi permiso? Me sentí ultrajado. Sentí como que te metiste a mi cuarto a esculcar los cajones.

“No hagas cosas buenas que parezcan malas”, dicen las abuelitas. En vez de agradecerte, muchos te consideramos spam porque te impusiste por tu propia voluntad y te entrometiste en algo tan personal como mi librería de música, independientemente de que me guste U2 o no.

Y ya que estamos hablando de trasgredir mi sentimiento de pertenencia, te tengo otra. Estoy indignado y enojado porque mientras nos apantallabas con tus lanzamientos, nos ocultaste la desaparición del iPod Classic. Me tuve que enterar yo solito, porque la lo presentía, porque te conozco tanto que tus negras intenciones son más obvias de lo que crees.

Quiero tener mi música. No quiero vivir rentándola. Ya sé que es lo que tú quieres, pero yo no. Al igual que en los bienes raíces, rentar acaba saliendo más caro que comprar. Sólo que a corto plazo no lo ves. No abuses de eso, Apple. Estás malacostumbrando a las nuevas generaciones a no ser dueñas de nada y tener todo al mismo tiempo. Nada bueno va a salir de eso, ni para ti ni para mí.

No me quieras convencer con el argumento de que las nuevas generaciones prefieren una subscripción a un servicio de streaming –como Spotify– que comprar un disco. Eso lo has provocado tú y otros tantos. No juguemos a que tú te estás adaptando al mercado. Tú lo estás moldeando. No te hagas pendejo, pues.

Soy fan de mi iPhone, pero jamás va a sustituir a mi iPod Classic de la misma manera en que éste vino a sustituir a los discos. Por muchas razones:

- Las canciones en mi iPod no se paran cuando entra una llamada o bajan su volumen cuando llega un correo. Quiero que la música fluya sin interrupciones.

- En una reunión, ni loco pienso dejar mi teléfono conectado a la bocina. Mi teléfono va conmigo mientras el iPod puede seguir amenizando la reunión.

- La pila del iPhone es una mierda, no pienso acabármela con música. No me hagas quedarme incomunicado o tener que elegir entre cuidar la pila o escuchar música.

- Quiero toda la música que he comprado disponible cuando yo quiera, sin que me cobres extra por la renta de un espacio virtual. Quiero un lugar físico con toda mi música, que merezco tener disponible cuando yo quiera, sin depender de una nube, o de tener internet para poder acceder a ella, ¡imagínate que voy a hacer en una carretera o cuando vaya a pasar un día de campo a la montaña! Ahí no hay internet.

- El iPhone no tiene capacidad de 120 gb. Mi iPod sí.

- Me gusta ordenar mi música, no que otros lo hagan por mí. Me he tardado muchos años armando mis playlists como para que ahora las tenga que dejar en el olvido porque me debo adaptar a un nuevo servicio de streaming.

¡Coño, Apple! Revoluciona el iPod pero no lo desaparezcas. Si tu negocio ya no es vender hardware y software sino las rentas mensuales, invéntate un iPod que se pueda conectar a internet  y puedas comprar música desde ahí. Dame la opción de poder hacer streaming desde el iPod, pero dame la puta opción. No decidas por mí.

Puedes construir sobre lo grande que ya has hecho. No hay necesidad de empezar desde cero. Porque ya me cansé. Ya me cansé de pasar de un formato a otro y pagar varias veces por lo mismo. Ya pasé del disco en vinil a cassette. Ya pasé de cassette a disco compacto. Ya pasé de CD a mp3. Esa última fue la transición más amigable porque me permitiste convertir mis discos sin tener que comprarlos de nuevo. Fue una verdadera chinga y muchas horas dedicadas, pero al final de cuentas no me costó.

Ahora quieres obligarme al streaming, pero ese me va a costar la renta mensual de la nube y la conexión a internet. Me va a costar escuchar algo por lo que ya pagué para tenerlo.

Además, alguna fijación tienes tú y toda la industria con hacer mierda la música. Mientras el mercado dirigido a los ojos –las televisiones– buscan mejor calidad día a día, el mercado dirigido a los oídos –la música– empeora la calidad. Ni de chiste el streaming tiene la calidad de un mp3, ni el mp3 de un CD, ni un CD de un vinil. En vez de evolucionar, vamos para atrás.

Querido Apple, no quiero que lo nuestro termine. Nada bueno traería ni para ti ni para mí. Podemos  ser muy felices juntos y beneficiarnos de esto. Sólo tienes que pensar un poquito más en mí. Ser un poco más humano y un poco menos evil corporation.

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