lunes, febrero 10, 2014

Mi casa es tu casa

No.

Mi casa es mi casa y tu casa es tu casa.

No es por majadero. Eres bienvenido, pero no es tu casa.

Pensemos un momento.

La gente que dice “mi casa es tu casa” o “tengo un espejo en tu casa…” –refiriéndose a la propia– se lo dice al panadero, al de la tintorería o a cualquier persona de la oficina.

Si una persona a la que le has dicho esto llegara con maletas y dijera: “me corrió mi esposa por ser infiel y me vine a vivir contigo” ¿La dejarías pasar?

Me aventuro a responder por ti: No.

Esta mexicanísima forma de querer ser educado y complaciente es solo palabrería. Una vil mentira.

Lo dices pero no lo sientes. Ni la persona que lo escucha lo toma en serio.

Puro folclor y parafernalia verbal que no lleva a ningún lado.

Lo dices porque te enseñaron que es una forma educada de expresarte de tu propia casa frente a alguien más.

Además es anticuado. Suena a noble en tiempos de monarquía, que con su gran riqueza y su hacienda con veintiocho cuartos podía decirlo y cumplirlo.

Piensa a cuántas personas podrías decírselo y realmente cumplírselo. Te sobran dedos de una mano.

Tu casa no es un albergue. Tú lo sabes y la persona a quien se lo dices también. ¿Entonces qué ganamos con tanto enredo?. Sólo generamos confusión:

– “¡Vamos a hacer una fiesta en tu casa!”
–“¿En mi casa? ¿Y a quién le preguntaron?”
–“No, pues. En la mía”.
–“¿Entonces porque dijiste…”
–“…es una forma de decirlo”.
–“Pues a la próxima habla bien”.

Peor tantito cuando dices “tu humilde casa”.

Cómo nos gusta tirarnos al suelo para que nos levanten. Humildad innecesaria.

No es tu casa. Punto. Aunque te invite, no te quiero ver caminando en calzones, echándote pedos enfrente de la televisión y rascándote los huevos a placer.

Al selecto grupo de personas que no me importaría verlos echando pedos enfrente de mi televisión no tengo que decirles “siéntete como en tu casa”. Ya lo saben.

A esas personas les digo “¡Órale, pinche marrano! Vete a pedorrear a tu casa”. Y luego reímos juntos. Tal vez hasta se lo devuelvo.

Acaba resultando paradójico que al de confianza no se lo necesites decir porque ya lo sabe, pero al otro se lo decimos aunque no sea verdad.

Mi casa es mi casa y tu casa es tu casa.

Amén.

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