lunes, diciembre 09, 2013

La Teoría de los Nombres


Mucho antes de recibir la noticia de que voy a ser tío, me he encargado de pregonar por el mundo mi Teoría General sobre los Nombres para los Bebés Recién Nacidos o Cualquier Persona que quiera Cambiárselo porque sus Padres lo Odian y le pusieron uno muy Gacho, mejor conocida como la TGNBRNCPCPOG, por sus siglas en español.

Creo que es oportuno y necesario plasmar esta teoría en los anaqueles interminables de la web para que futuras generaciones de padres tengan la mejor guía para elegir los nombres de sus sucesores.

La TGNBRNCPCPOG -se pronuncia Tegenebé Errenecepe Cepeoge- no es un compendio de nombres para tus hijos, para eso existen chingos de libros y sitios en internet. La TGNBRNCPCPOG es más bien una guía con todo aquello que nadie te dice pero que debes tomar en cuenta para que tú y tu prole no lamenten en el futuro las malas decisiones que hagas en el presente.

Lo primero que debes tomar en cuenta es el apellido que portará bebé. Debes pensar en todos los posibles albures que la combinación nombre-apellido puede crear. Por ejemplo, si tu apellido es Galindo y estás esperando una hermosa princesa, no debes bautizarla como Mónica, de lo contrario estará destinada a las burlas escatológicas durante toda su infancia y edad adulta.

Tu apellido también influye si quieres elegir un nombre internacional. De entrada es bastante sateluco ponerle un nombre en otro idioma a tu crío, pero si a huevo quieres hacerlo, debes tomar en cuenta tu apellido. Si es Reynolds probablemente no sea tan caótico llamarlo Brian, al menos Brian Reynolds tiene rítmica lingüística; pero si tu apellido es Pérez, lo estás consignando a ser taxista de la Narvarte.

Independientemente de tu apellido, hay nombres que están destinados a ser traducidos al inglés por los cuates y godinez de oficina. Carlos está destinado a ser conocido como Charly, Alejandro siempre será Alex y Gerardo siempre será Gerry. Esto sucede principalmente por la necesidad de encontrar diminutivos en los nombres, de la cual hablaré más adelante.

Los nombres compuestos traen muchos problemas prácticos. Tal vez has visto muchas telenovelas y crees que José Hector Gustavo tiene caché, pero debes pensar en el tiempo que tu hijo perderá en la vida escribiendo su nombre completo. Lo tendrá que escribir en documentos oficiales, en las hojas de sus cuadernos escolares, en los exámenes… para hacerla más difícil, la mayoría de formatos incluyen un limitado número de cuadritos o una línea muy corta para poner el nombre. Lo peor de todo es que nadie, nunca, lo llamará José Héctor Gustavo; probablemente acaben diciéndole Pepe, lo cual da pie al siguiente inciso.

Debes pensar en todos los apodos derivados del nombre. Es de retrasados mentales pensar que tu hijo se va a llamar José y la gente le dirá José; el mundo lo llamará Pepe. Patricio será Pato, Eduardo será Lalo, Guillermo será Memo y Alberto será Beto, quieras o no.

Por más ternura que te dé la idea de tener un bebé y creas que todo en este planeta es puro y bueno, a la hora de elegir un nombre debes ser más cochino y perverso que Polo Polo. Tal vez tus intenciones sean buenas pero las bully en 2° de primaria que le da zapes a tu hijo no lo son. Utiliza un criterio de Tepito, personifícate como un vendedor de Nintendos en Pericoapa y entonces, cuando ya estés en personaje, elige el nombre. De esta forma evitarás infortunios como Alma Marcela Silva de Alegría y Elber Galarga.

Incluso hay nombres pueden caer en las garras de los albures y las rimas sin ser obvios. Regina estará estigmatizada con la similitud a la vagina. Sé que suena corriente, soez y vulgar, pero las reglas de supervivencia en la primaria y secundaria no respetan límites ni fronteras. Así que debes tener presente cualquier similitud o cacofonía derivada del nombre que elijas.

Los nombres exóticos pueden sonar como una buena idea al principio, le dará originalidad y personalidad a tu hijo, pero debes dejar los romanticismos y ser realista; que tu hijo se llame Tarcisio o Herminio sólo provocará que la gente diga tres veces “¿Cómo?” cuando se presenten. Evítale la pena de andar deletreando su nombre cada vez que se presente; además, todos los baristas de Starbucks te lo agradecerán.

Líneas arriba mencionaba algo acerca de los diminutivos, esta es la parte central de la Teoría General sobre los Nombres para los Bebés Recién Nacidos o Cualquier Persona que quiera Cambiárselo porque sus Padres lo Odian y le pusieron uno muy Gacho -o TGNBRNCPCPOG por sus siglas en español-. Una vez que hayas pasado los filtros de nombres gringos o exóticos, compuestos, albures, rimas, cacofonías y apodos, hay un eje central que blindará el nombre de tu chilpayate de cualquier variación no prevista.

Si tu propósito es que a tu hijo le llamen por su nombre -que es toda la idea de ponerle un nombre a tu hijo, ¡si no para qué fregados!- debes evitar cualquier nombre mayor a dos sílabas.

Todas las tergiversaciones de los nombres, incluidos los diminutivos, nacen de la inmensa hueva que le da a la gente utilizar más de tres sílabas para referirse a una persona. De ahí que Gabriela sea conocida como Gaby, Daniela como Dany, Rodrigo como Ro y Fernanda como Fer.

A Mario todo el mundo lo conoce como Mario, a Pablo como Pablo, Ana siempre será Ana… ¿Paola? ¡No! La trisílaba que produce el diptongo hacer que la gente le diga solamente Pao. Verónica siempre será Vero. La gente se oculta detrás de una gran mentira, dicen que les llaman así “de cariño”, pero no. No debes engañarte ni dejar que te engañen: lo hacen por la flojera de decir más sílabas de las necesarias para referirse a alguien.

Al usar solamente dos sílabas los proteges de cualquier diminutivo, porque el diminutivo requiere de más sílabas, lo cual resulta poco práctico por lo que preferirán llamarlo por su nombre. A Ramón nadie le dice Ramoncito, les toma el doble de tiempo decirlo, por eso Ramón es Ramón. Y punto.

Ahora que si tu hijo nace con una característica física cagada, ya valiste porque no importa qué nombre le pongas, para el mundo será conocido como el Pollo, el Pecas, el Chaparro o la Güera.

3 comentarios:

Johnnie Ego dijo...

Pues a mí me dicen Juanito y me caga..

Javier Manzanera dijo...

Jajaja sí yo creo que hay una pequeña falla en los diminutivos. Las ganas de chingar o de simplemente hacerse más que alguien, superan a la hueva de decir más sílabas.
A Mario muchos le dirán "Mayito" porque es cagado, por burla, por cercanía, compadrazgo, etc.
O como mi hermano Juanito jaja. A los "Juan" (una sílaba) les dicen Juanito, Juancho, Juanelo, etc.
A las Anas les pasa lo mismo.
Pero fuera de los diminituvos, buena teoría jejeje.

Huatch dijo...

Sí! Estoy de acuerdo con esa parte! Hay nombres monosílabos que terminan siendo más largos con los diminutivos... Son todas las cosas que alguien debe pensar al poner un nombre!