martes, octubre 22, 2013

Twitter killed the blogger star

Así como Peña Nieto llegó tarde a la repartición de cerebros, yo llegué tarde a la onda de bloggear. Cuando yo llegaba, ellos ya se iban. Cuando ya le entendía, ellos ya hablaban de otra nueva tendencia. Sin embargo aquí estoy de vez en vez, haciendo arqueología digital con este blog, aunque a todo mundo ya le da hueva leer más de 140 caracteres.

Del internet y de los periodistas he aprendido que es más importante llegar primero, que saber llegar. La genialidad, la creatividad y la originalidad son valores obsoletos. Lo chido es ser un early adopter -¡ay güey!-. Lo que te lleva a la fama es ser de los primeros, no la calidad ni veracidad del contenido que ofreces.

Ya decía Andy Warhol hace 45 años: “En el futuro, todo mundo tendrá sus 15 minutos de fama”. Eso son las redes sociales; un chispazo de fama. Un espejismo de lo que significa ser influyente en una sociedad, aunque sea efímera y superficialmente.

De ahí los tantos -y tontos- que creen que pueden curar el cáncer con Likes en Facebook, o que creen que la foto de su filete con puré de papa en un restaurante merece estar colgada junto a la Mona Lisa en el Louvre, gracias a Instagram.

El problema es que esos 15 minutos de fama son difíciles de olvidar para los que ya probaron sus hieles y sus mieles. Una vez que se han sentido escuchados, apañan el megáfono y se vuelven retentivos-anales de atención.

Woody Allen lo expresa muy bien con el argumento de Leopoldo en su película To Rome With Love, donde un día cualquiera y sin razón aparente, los medios empiezan a seguirlo y dan cobertura de cómo se rasura, qué come y qué tipo de calzones usa. Cuando los medios dejan de asediarlo, el síndrome de abstinencia  es tal que no puede aceptarse como mortal nuevamente.

Esta megalomanía nos ha llevado al absurdo de tener que soplarnos a alguien grabándose en el tráfico mientras canta la canción que está en la radio para después compartirlo en un video de 6 segundos en Vine. ¿A alguien realmente le interesa ver eso?

Por eso, mi máxima personal es: si no es relevante para alguien más, no lo subas.

Me curo en salud antes de que lluevan sombrerazos. Soy asiduo usuario de redes sociales, y subo muchas cosas -como este post en mi blog, por ejemplo- que ni aportan ni quitan al mundo, pero intento tener un filtro mental: Si lo subo ¿a alguien le importa?

Tal vez no. Tal vez a nadie le importa. Pero este filtro sí logra una cosa: elimina el 90% de cosas que mi superestrella interna en (im)potencia quisiera compartir y a nadie le interesan.



Post-Post: El irracional extremo de todo esto es representado por Foursquare, pero mejor ni me meto en ese tema porque terminaría escribiendo un ensayo de 20 hojas (front and back!) que, como mencioné al inicio, nadie leería porque ya nos acostumbramos a los 140 caracteres.

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