lunes, agosto 19, 2013

¿Quién va al cielo cuando muere?

¿Quién va al cielo cuando muere? Una pregunta digna para cualquier teólogo, o para cualquier grupo de amigos tirados en un sillón, viendo al techo, un sábado a las tres de la mañana con varias cervezas encima y negándose la cama con tal de seguir festinando la reunión, aunque su cuerpo ya no dé de sí.

Queda muy claro que un asesino pedófilo violador en su lecho de muerte puede pedir perdón y entrar al cielo. Pero estamos rayando en lo obvio; ningún teólogo o borracho de sillón discutiría esto.

Lo que sí podrían discutir los teólogos y los borrachos de sillón son todas las acepciones sobre quién podría ir al cielo según el cristal con que se mire.

Los animales. La mayoría asegura que los animales no van al cielo porque no tienen alma, que en el Génesis, Dios separó al hombre de la bestia. Sin embargo en el libro Revelaciones –o mejor conocido por su nombre artístico: Apocalipsis– el apóstol San Juan dice que en su visión de los cielos hay animales. ¿A quién le creemos? ¿Al primero o al último libro de la Biblia? Si vemos la Biblia como una franquicia de Hollywood, podemos asumir que las secuelas siempre son peores que las películas originales, entonces el Apocalipsis sería como Rápido y Furioso XXVII y carecería de toda credibilidad. Por lo tanto, los animales no irían al cielo y se chamuscarían en los fuegos del infierno –y todos olerían como a pollo a las brasas, ¿qué no?–.

Los insectos. Técnicamente son animales, así que por más asquerosos y viscosos que sean, merecen el mismo destino que el tierno perro labradoodle que tuviste por mascota hasta que murió de una cadera dislocada por andarse bombeando a tu oso de peluche de la infancia.

Las plantas. Creo que sería xenofóbico pensar que los animales sí pueden irse al cielo y las plantas no. Si ya le estamos dando chance a los animales por ser simplemente seres vivos, las plantas también deberían ir al cielo. De cualquier otra forma nuestro racismo selectivo por mandar animales al cielo y plantas no, nos haría malas personas y nos iríamos nosotros al infierno, dejando el cielo repleto de perros y uno que otro gato, pero ningún humano. ¿Capisci?

Los aliens. Los extraterrestres son, sin lugar a dudas, seres vivos. Así como el Génesis decía que Dios separó al hombre de la bestia, probablemente hizo lo mismo con los extraterrestres y el hombre, pero, ¿a quién puso arriba del otro en la cadena de valor? Si imaginamos que ellos tienen la tecnología para estarse apareciendo en nuestro planeta durante erupciones del Popocatépetl y eclipses solares, creo que nos pone en la incómoda posición de ser las bestias. ¿Entonces ellos van al cielo y nosotros no?

Frankenstein. Bueno, técnicamente no sólo él. La medicina moderna ha hecho frankensteins a millones de personas alrededor del mundo. Los trasplantes de órganos abren una puerta de debate enorme. Cuando muere alguien ¿quién se está yendo al cielo si esa persona tiene córneas, hígado, riñón y corazón ajeno? Especialmente éste último. El corazón es donde residen las emociones. ¿Qué pasa si el corazón le pertenecía al ya mencionado asesino pedófilo violador y al morir se usó su cuerpo para donación de órganos?

Como decía Steve Jobs –quien probablemente esté en el cielo vendiendo iPods- ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar ahí… Sea teólogo o borracho de sillón.

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