lunes, noviembre 12, 2012

Minimalismo de closet


Las comparaciones siempre son vastas. Como hombres, siempre defendemos nuestra simpleza en todas las cosas. Las mujeres son las de emociones complejas, las que hablan mucho, las que hacen de algo sencillo una vorágine de historias.

Nos sorprendemos por la cantidad de cosas que una mujer carga consigo misma en. Son arbolitos de navidad paseándose por la vida. Traen arrastrando todo lo que necesitan y todo lo que no.  Los hombres, en cambio, somos más básicos, más prácticos, más sencillos.

No podríamos estar más equivocados.

Es un mito, un embuste, ¡una falacia! Nosotros también traemos encima demasiadas porquerías innecesarias.

La moda va y viene, pero las tendencias en las pasarelas nunca se han detenido a pensar en la practicidad. ¡Incluso parece lo contrario! Entre más complejo, más in estará. Por desgracia, nosotros también somos víctimas de lo que dictan los gurús de la moda.

¿Realmente necesitamos la ropa interior? ¿Es realmente indispensable traer no una, sino dos capas de tela encima? Un rediseño de pantalones 2.0 –siguiente generación– podría ser incluyente en este tema. ¿Para qué nos ponemos chones si están igual de limpios que los pantalones y ambos terminarán en la ropa sucia después de usarlos?

Los jeans o cualquier tipo de pantalón podrían traer un recubrimiento de algodón y listo. Todos nos beneficiaríamos de ello. Los hombres no andaríamos dando los clásicos tirones de muslo para acomodar los bóxers y las mujeres dejarían de quejarse por dicha faena.

Con las agujetas sucede algo similar. Existe suficiente calzado formal y hasta deportivo que carece de agujetas ¿Por qué no continuamos con esa tendencia? ¿No es muy cavernícola seguir teniendo que hacer diario las orejas de conejo, meterse en la mazmorra y jalar los extremos? ¡¿Dos veces?!

El calzado sin agujetas es práctico y eficiente; fácil de poner y de quitar, no se desabrocha. Edna Moda  –Los Increíbles© Disney/Pixar, 2004– regañaba al Señor Increíble por querer usar una capa en su disfraz; sólo podía provocar tragedias. Lo mismo sucede con las agujetas: las pisamos, nos las pisan, se atoran en la estrella de la bicicleta, se las comen las escaleras eléctricas, se desgastan y se desamarran como por arte de magia y de forma caprichosa.

El cinturón resulta un artilugio que sólo nos complica la entrada a los aeropuertos. Si no estás en la dieta del apio o alguna jalada así, tus pantalones seguramente serán de tu talla. No necesitan un armatoste externo para mantenerlos en su lugar. ¿Cuál es el punto de usar cinturón?

Ahora, los botones en cualquier cosa de la ropa… ¡¿Qué pedo con eso?!

La NASA invirtió miles de dólares para la invención del velcro; tenemos telas elásticas y Elias Howe registró en la oficina de patentes en 1851 un invento titulado "Automatic, continuous clothing closure" que conocemos hoy en día como zipper.

En el transcurso de nuestras vidas –promedio de 80 años– pasamos 14,000 minutos abotonando y desabotonando camisas, mangas y hasta braguetas. Es un desperdicio de tiempo cuando podríamos pegar y despegar un velcro, o subir y bajar un zipper.

También existe el anticristo de los botones: Las mancuernillas. Esas pequeñas mierdecillas que van en los puños de las muñecas, hacen más difícil y tediosa una tarea asignada originalmente a los botones. Suficientemente complejo es abotonar una manga con una sola mano, como para tener que complicarlo más con las mancuernillas.

Por culpa de las mancuernillas, las mangas rebasan el espacio vital del ser humano y se convierten en el enemigo a vencer a la hora de la comida.

Ya entrados en el tema de las mancuernillas, la vestimenta formal resulta ser el peor invento del ser humano después de la bomba atómica y el virus del Sida.

La corbata –más allá de la expresión fálica que representa– no tiene sentido alguno. Parece que traemos un babero colgando. Tiene las mismas repercusiones que las capas –si eres superhéroe y defiendes la justicia– y las agujetas –si eres un mortal cualquiera que no vive en Botswana y usa calzado–.

¿Por qué los sacos traen hombreras? ¿Cuál es la necesidad de traer unas prótesis en los hombros para parecer Dorito Nacho? Las hombreras hacen en los hombros lo que el Wonder-Bra en las chichis. Esconden la realidad, mienten, engañan… desnaturalizan.

Si bien el reloj no nació con la finalidad de ser parte de la vestimenta, la evolución nos ha llevado a portarlo como parte de nuestro  look. Estamos encadenados al tiempo y el reloj es nuestro grillete.

¿Qué sentido tiene portar un reloj en la muñeca cuando el mundo entero está encargado de restregarte la hora? Si vienes en el coche, en el tablero puedes verla. Si estás en la computadora, en la esquina inferior derecha puedes verla. Si estás viendo la tele, en el mismo canal o el menú de tu servicio de cable puedes verla. Si estás en cualquier otra situación, seguramente traes el celular, quien tiene la cordialidad de mostrarte la hora en su pantalla principal. Si la respuesta es –como en examen bimestral– “ninguna de las anteriores”, le preguntas al primer ser humano que se cruce en tu camino y problema resuelto. Nadie te niega la hora por más valiosa que sea, no cuesta nada regalarla.

Pesaríamos como cuatro kilos menos si dejáramos de portar tanta mamada encima. Hombres: La próxima vez que critiquemos a una mujer, volteemos al espejo.

En la vestimenta y en la vida: Menos es más. La simpleza es un valor.

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