martes, agosto 28, 2012

No estoy en nogado, sólo un poco molesto


Es hora. Llegó el momento de que el mundo lo sepa. No puedo mantener más este secreto. Necesito salir del clóset: Odio los chiles en nogada.

Cada septiembre es lo mismo. Los chiles en nogada son el niño de la fiesta en todas las comidas familiares y en todas las cartas de los restaurantes. Cada temporada de fiestas patrias tengo que buscar la forma de evitar tener un chile en nogada sobre mi plato.

Año con año, hay que buscar la forma de evadirlos sin herir susceptibilidades de las tías que claman ser las non plus ultra en su preparación. Cada una de ellas asegura que “no hay chiles en nogada mejores que los míos”.

Cada vez que he querido romper el tabú, un silencio ensordecedor envuelve a los comensales con los que me encuentro sentado a la mesa. Me pasa lo que al Chavo con el profesor Longaniza en el salón de clases. Todos guardan silencio y nadie da crédito por lo que acabo de decir.

Después de unos segundos se reponen y comienza la inquisición de preguntas: “¿No te gusta el sabor?” “¿Es lo dulce?” “¿Cómo? ¿Con semejantes chiles que prepara tu propia madre?” “¿Estás loco”?

“¡No pican!” intentan justificar algunos, como si esa fuera la razón.

“Son un orgasmo al paladar” expresa algún atrevido. ¡No! No lo son. Son un invento de las monjas clarisas de Puebla. ¿Qué va a saber una monja de orgasmos?

El chile en nogada no es más que un menjurje. No sabes si estás comiendo algo dulce, salado o picoso. ¿Es postre? ¿Es entrada? ¿Es plato fuerte? Su consistencia es indescriptible, es una combinación de sólidos con semilíquidos y muchas texturas. No, no se mezclan entre sí, son una mezcla heterogénea de sabores y consistencias.

No puedes esperar poner un chile de proporciones gigánticas, junto con picadillo y crema, con nuez, con perejil, con granada, plátano, manzana, pera y durazno, -más todas las creatividades únicas de cada persona que se autoetiqueta chef experto en chiles en nogada- y esperar un sabor placentero. No es como el mole. Es un acopio de todo lo que existe en el refrigerador y el frutero. No hay creatividad, no hay ingenio.

No he de ser el único. Seguramente existen otros entes solitarios como yo que aquejan de lo mismo. ¡Levanten la voz, hermanos míos! No están solos.


Post-post: Salvador Leal tiene una teoría interesante, que no está peleada con este discurso. Los chiles en nogada son un platillo femenino. Ellas lo prefieren más que los hombres. Tal vez sea por su sabor delicado o suave, o tal vez sea -esto lo opino yo- por enorgullecerse de su propia creación y echarse porras solitas. De cualquier forma, en su blog pueden encontrar su disertación.

5 comentarios:

Monica Robert dijo...

YYYYYYOOOOOOOOO!!!!!!!
Alzo la mano!!!!!!!

"Y con smejantes chiles que prepara mi mamá"...Jajajajaja

Federico Stuht dijo...

Yo me uno, también me cagan, los martes de comida familiar en estas épocas los odio.

Huatch dijo...

Join me, and together we can rule the non-chiles-en-nogada galaxy. Search your feeling... You know it to be true.

mw dijo...

Y me quedan buenísimos.

atentamente

mamá de JP

Anónimo dijo...

Creo tiene mucha razón el post-post, soy mujer y amo amo los chiles en nogada! Invitenme a sus comidas familiares jaja ya que donde vivo casi no los hacen, solo los he comido 3 veces en mi vida.