lunes, marzo 12, 2012

¿Por qué los hombres se rascan los huevos?

Dentro de los misterios milenarios que la humanidad no logra comprender, está el arte de rascarse los huevos. Bueno, no es un misterio. Y no es milenario. Tampoco creo que la humanidad no lo logre comprender; sólo las mujeres. Aún así, es hora de darle voz pública a los huevos rascados.

Ellas lo merecen, la duda las atormenta, es hora de que sepan porqué chingaos un hombre se rasca tanto lo huevos.

Durante muchos siglos, el sexo femenino pensó que rascarse los huevos era un lenguaje no verbal con el cual los hombres del Medioevo se comunicaban entre sí y evitaban que una mujer se metiera en esta conversación de señas. Suena como una gran idea y nos gustaría que fuera realidad; desafortunadamente no es así.

En estricto sentido -y si eres mujer, antes de seguir leyendo te pido que te sientes, porque esta información puede caerte como balde de agua fría- los hombres -agárrense- generalmente no nos rascamos los huevos.

No significa que no lo hagamos; significa que la mayoría de las veces que ustedes nos cachan “rascándonos los huevos” no nos estamos rascando los huevos; estamos haciendo otra cosa.

Imagínense, mujeres, que van a un concierto de su artista favorito; pero no al Auditorio Nacional. Imaginen uno de esos lugares como el Foro Alicia, con menos espacio, menos ventilación y un espacio de metros cúbicos per-cápita con mayor densidad que Mumbai, India.

 Esta bonita metáfora explica el status-quo de los huevos de un hombre. Como habrán visto en sus clases de anatomía, los huevos se encuentran en la parte exterior del cuerpo humano para disminuir su temperatura. Esta técnica darwiniana funcionó muy bien hasta que la pendeja de Eva le dio a probar la manzana a Adán y se encontraron ambos, de repente, apenados de estar encuerados.

De pronto el hombre se vio en la necesidad de taparse, y lo que a la evolución le tomó millones de años se vino al carajo con unos chones y unos pantalones. De pronto los huevos se encontraban de nuevo en un ambiente encerrado y claustrofóbico.

Con el efecto invernadero y el calentamiento local en la región púbica, esos pelos que antes protegían a los huevos de las bajas temperaturas, se convirtieron en nuestro talón de Aquiles.

Los huevos, como su eufemismo lo refiere, sufren lo mismo que los blanquillos de la gallina en una sartén; a menos de que te estés echando aceite, si no los separas de la ingle a tiempo, se quedan pegados; a culpa del calor, sudoración y pelos.

Rascarnos los huevos es un arte perfeccionado con el paso de los siglos, donde ayudamos a los huevos a tomar una bocanada de aire y a recuperar su espacio vital. Al rascarnos los huevos no solamente les estamos suministrando un alivio temporal, si no que los estamos regresando a su posición original.

Otra razón que comúnmente se confunde con “rascarse los huevos” es el reacomodo de la ropa interior. Contrario a la moda ochentera de usar trusas -chones en forma triangular y ajustada-, el hombre contemporáneo utiliza bóxers -chones en forma de shorts y guangos-.

Por sus facultades, los bóxers tienden a retar las reglas físicas naturales y desafiar la gravedad. Las extremidades de los bóxers, por alguna curiosa razón, suben y se hospedan en la entrepierna, entre los huevos y la ingle. Esto resulta muy molesto para nosotros, por lo cual ejercemos la acción de tomar los bóxers delicadamente -o no- con el dedo índice y pulgar, y los jalamos hacia el muslo, sólo para encontrarnos repitiendo esta maniobra dentro de media hora, toda vez que los rebeldes bóxers hayan subido de nueva cuenta.

Por otra parte, en el coloquio popular, la frase “rascarse los huevos” se refiere a estar sin hacer nada, de flojo… de huevón.

Esto es porque, opuesto al placer de rascarse o reacomodar los huevos, está el aburrimiento. Rascarse los huevos por no estar haciendo nada no es ficción, es una realidad. Los huevos funcionan como las bolitas de magnetismo anti-estrés, te relajan, te entretienen, te permiten entrar en paz y sintonía con tu cuerpo y alma.

Curiosamente, la observación o queja de las mujeres sobre un hombre rascándose los huevos, generalmente se refiere a este último punto. Paradójicamente es la menos común frente a ustedes. Jugar billar sólo por el placer de masajearse los huevos no es algo que hagamos en público, al menos no los que estamos en nuestro sano juicio.

Cuando ustedes voltean a ver nuestro paquete -¿qué hacen volteando ahí, por cierto?- y nos ven “rascándonos los huevos” no estamos generando autoplacer; estamos reaccionando a una necesidad biológica tan natural como respirar. La rascada es en realidad un acomodamiento.

Sabemos que parece que estamos tocando la guitarra y lo hacemos sin ninguna pena, pero sepan que no es por vulgares, es por una necesidad que nuestro cuerpo nos solicita.

Ahora que sí nos ven viendo un partido de futbol tirados en el sillón, entonces sí, premeditadamente estamos rascándonos los huevos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Así nos pasa a las mujeres con las boobies. La molestia generada por el calor y apachurramiento es propocional a la colgadez de las mismas.
Cuando la parte inferior de la boob, pasa mucho tiempo en contacto con la parte superior del abdomen, suda y se pega al igual que los huevos.
Lo bueno es que existen bras que levantan y separan, cuando te lo quitas es muy placentero rascártelas o sobarlas de abajo.

Anónimo dijo...

Gracias por explicar tan claramente todo lo que siempre quise saber de los huevos y no me atrevía a preguntar.

MMarioVazquez dijo...

Jajajaja, me encantan tus textos. Saludos desde Chiapas.

Anónimo dijo...

Mis huevoss. dijo aquel... soy hombre. y solo me rasco los huevos. cuando. lo amerita.. Para mi si te la pasas rascando los huevos. es por que Tienes piojos.. o Alguna infecion que te molesta.