miércoles, febrero 15, 2012

El arte de fotografiar el sufrimiento

¿En dónde termina el arte y comienza la realidad? ¿En dónde importa el reconocimiento y termina el amor fraterno? ¿Dónde dejamos de ser personas con sentimientos y nos convertimos en robots contemplativos?

Retratar la vida -o aspectos de ella- siempre ha sido una fascinación personal. Sin ser ningún fotógrafo profesional, he dedicado parte de mi vida a tomar fotos. Un par de clases en la universidad y muchos consejos gratuitos en Internet.

La fotografía, como cualquier arte, tiene la facultad de ser un eye opener. A través de las artes el ser humano ha sido capaz de transmitir el status quo de nuestra especie desde hace muchos siglos; desde las pinturas rupestres hasta los videos en Youtube.

La fotografía es objeto de admiración, lucro y reconocimiento. No hay nada malo con ello.

Hoy en la mañana pude observar la fotografía ganadora de World Press Photo 2011, que se entrega anualmente desde hace 55 años. Samuel Aranda -de España- se llevó este reconocimiento con una imagen por demás conmovedora: Una madre sosteniendo a su lacerado hijo en sus brazos, durante una trifulca social en Yemen.

Es de vital importancia compartir imágenes de esta índole y hacerlas de dominio público. Los fotógrafos que están arriesgando sus vidas en guerras y revoluciones son los ojos del mundo. Gracias a ellos podemos conectar con nuestra realidad y saber lo que está sucediendo en el mundo; sus fotografías nos invitan a actuar, a responsabilizarnos.

La fotografía por sí misma es impactante. El momento de la captura, la posición fetal del hombre recostado sobre su madre -quien lo sostiene con guantes de latex-, su cara de sufrimiento. No cabe duda que una imagen dice más que mil palabras.


De pronto, surge un conflicto dentro de mí. ¿Qué hacía el fotógrafo en esa mezquita? ¿Cuál era su roll en este conflicto social? El fotógrafo parece ser sólo un observador.

¿A eso limitamos al ser humano? ¿A ser únicamente un espectador? Su aportación a los ojos del mundo es grande, pero ¿a la situación en la que se encuentra sumergido en el momento de tomar la foto?

Me cuesta trabajo imaginar esta escena. Una madre dolida velando la vida de su hijo, mientras éste sufre física y emocionalmente. Mientras tanto… un foráneo en creencias y cultura, está ahí parado, frente a ellos, junto a ellos; con su cámara de fotos, ajustando la apertura de la lente y la velocidad del obturador, buscando el mejor encuadre. ¿A caso importa más la prueba visual de lo que sucede, que hacer lo que está en nuestras manos para socorrer a la madre y a su hijo?

No es necesario ser un héroe y sacarlos en hombros hasta un refugio seguro, pero una manga de camisa puede ayudar a amarrar un buen torniquete en el muslo, conseguir agua, limpiar las heridas… Y sin embargo, tuvo más importancia capturar tan sufrido momento.

Más allá de las razones y circunstancias de este fotógrafo -que yo desconozco- lo realmente impactante es ¿Cómo premiar a un fotógrafo cuyo trabajo fue presenciar una escena de muerte o sufrimiento, y prefirió capturar el momento en vez de ayudar?

En 1994 el fotógrafo Kevin Carter ganó el premio Pulitzer por una imagen que muestra la hambruna en Sudán. La imagen es desgarradora. Una niña se encuentra con piel en huesos mientras un buitre espera a que muera. Kevin estuvo 20 minutos preparando la fotografía en vez de ayudar a la criatura. Tomó su foto y se fue; nadie nunca supo que fue de la indefensa niña.


El impacto visual de estas fotografías vende, pero ¿a expensas de qué?

Recuerdo hace casi un año, en la final de la Stanley Cup -hockey- en Vancouver, Canadá. El equipo local pierde el séptimo juego y las calles se convierten en tierra de nadie. Durante la conmoción entre policías y alebrestados,  Rich Lam logra inmortalizar un beso en medio del delirio que parece cuento de Disney. La imagen da vuelta al mundo, representa paz en tiempos de guerra. Una escena de amor en medio del caos.


Más tarde descubrimos la verdadera historia de la romántica pareja; no estaban de cachondos aprovechando los disturbios para hacer de las suyas. En una futura entrevista la pareja reconoce que él sólo trataba de calmar a su histérica novia después de que ambos terminaron en el suelo lastimados por los golpes de la policía. En esta ocasión, la imagen dijo más que mil palabras… descontextualizadas.

Estoy a favor de que se siga retratando el mundo como es. Hermoso con sus montañas y arcoíris, y crudo con sus guerras y hambruna. El problema es cuando la imagen vale más que la realidad, para el que la ve y para el que la toma. Pareciera que las prioridades están retorcidas.

Como bien dice @stuht: “A veces no hay diferencia entre quien jala el gatillo y quien aprieta el botón del obturador”.


*Sacia-morbos (de Carlos Loret): Kevin Carter recibió el premio Pulitzer, pero también cientos de críticas  por lo acontecido aquel día. 3 meses después, se suicidó.



Todas las imágenes aquí presentadas son de sus respectivos autores y se muestran de manera informativa y sin fines de lucro. 

3 comentarios:

Anonymous dijo...

Tienes todo la razón.
A mi la foto me transporta a La Piedad, de Miguel Ángel, será la idea?

Huatch dijo...

No lo había pensado pero sí. Es una imagen muy similar a La Piedad!!!

Anonymous dijo...

Me pareció buenísimo. Coincido totalmente contigo... es la deshumanización a favor del "arte"... Saludos ;)