lunes, mayo 30, 2011

En el escribir está el leer

Dicen que la grandeza de un escritor está en la sencillez de sus palabras. No sé quien dice eso o si acaso lo inventé, pero es muy cierto. No me jacto de ser un gran escritor, es más, no me jacto de ser escritor. Además, tener un blog que se llama “Diarrea de Ideas” lo cual no ayuda a serlo ni tantito.

Recuerdo aquellos días en universidad cuando teníamos que leer algún capítulo de cierto libro de algún autor rimbomante. Algunos de ellos eran catalogados como “genios” por el profesorado y uno que otro alumno superdotado, pero la realidad es que un mortal como yo los adjetivaba como “fumados y pretenciosos”.

Claro, esos calificativos sólo demostraban mi incultura y ñerés, pero no dejaba de tener un punto muy válido: Usar palabras sofisticadas te puede hacer parecer más intelectual -aun sin serlo- pero no mejor escritor.

La función básica de la escritura es compartir, y por compartir quiero decir comunicar. Uno escribe para que otro lea, a excepción del Querido Diario y uno que otro Post-It con la lista del súper, todo lo que escribas tiene la finalidad de ser leído por alguien más.

Ya de por sí la escritura es una actividad narcisista y ególatra -expresarte por tu necesidad de ser escuchado-; y además lo aderezamos con vocabulario mamila…

Por eso soy fiel creyente de que las mentes más brillantes y los mejores escritores son aquellos que logran compartir su idea de una manera sencilla. A menudo aquel que escribe cree que ganará mayor respeto utilizando un lenguaje rebuscado y churrigueresco, pero los best-sellers son generalmente libros de bolsillo con una intelectualidad idiota.

¿Intelectualidad idiota? El autor de dicho libro le da la oportunidad al lector de comprender el mensaje y de poder hacer sus propias deducciones, con lo cual establece una relación mucho más estrecha entre ambos a través de dichas líneas. Paradójicamente la “lectura idiota” resulta ser la más inteligente, sino pregúntenle a aquel genio que inventó la serie de libros “How to…. for dummies”.

Podemos traducir todo esto en decir que una lectura fácil de seguir sólo demuestra cordialidad por parte del dramaturgo. Yo se lo agradeceré infinitamente y lo pondré en un pedestal más rápido que aquellos pedantes con uso de palabras pomposas.

Todo esto sale a colación porque me disponía a escribir un post en el blog sobre cómo trollear a los AutoMacs. Empecé a reflexionar: ¿El título del post debería ser “¿Cómo trollear a un AutoMac?” o habrá quien, al no entenderlo, no se tome la molestia de leerlo? Sobre este mismo pensamiento continué: ¿y a todo esto, a todo el mundo le queda claro que es un post…. o un blog?

No hace más de 10 años, la palabra trollear o troll tenían una connotación más noruega, donde unos pequeños monos narigones caprichosos te cumplían deseos o te hacían la vida miserable, según el caso. Algunos de ellos más psicodélicos y americanizados con pelos puntiagudos y con colores fluorescentes.

No hace más de 10 años, la palabra post tenía una connotación más latina, con referencia al algo consecuente.

No hace más de 10 años, la palabra blog no significaba nada.

Hoy trollear es -en cierta forma- bromear o hacer guasas a otros. Hacerles la vida difícil y conseguir diversión a expensas de otros. Hoy un post es la versión 2.0 de un artículo. Hoy la palabra blog significa el compendio de artículos o bitácora de una sola persona o institución.

Por la confabulación de distintos factores, este blog es leído por una audiencia muy variada: desde pubertos buscando en Google cosas sobre la caca, hasta familiares que rebasan las cuatro, cinco y hasta seis décadas.

En este afán de ser cordial con el que lee, me di cuenta que esas palabras (blog, post, trollear) que me disponía a usar eran un lenguaje churrigueresco, pomposo y engreído. Algunos lectores tendrían que ir a Google y pasar los próximos 15 minutos tratando de entender estos términos para que tuviera algún sentido lo que estaban leyendo. Son escasos los meses que han pasado desde que descubrí el significado de la palabra “trollear” y ya me disponía a usarla como si fuera responsabilidad del lector conocer su significado. Es esa postura ególatra, la que quiere ponernos un peldaño arriba en el espacio intelectual cuando realmente nos baja un poquito más.

El uso de aplicaciones y plataformas de comunicación, así como el de las redes sociales han acelerado el proceso de inventar nuevos términos o usar viejos y modificar sus significantes. Es responsabilidad -y cordialidad- de quien comunica, ser lo más claro posible. Llegará un día en que estos términos sean comunes y no necesiten explicación, pero por el momento debemos ser más nobles y usar un vocabulario más común o en su caso, explicarlo. Incongruentemente esto ayudará a alimentar más el ego del escritor, quien -al descender de la nobleza y mezclarse con los plebeyos- logrará que su mensaje llegue a un mayor número de personas y sea comprendido con mayor facilidad.

Post-post: …y sin embargo, utilicé palabras como “pomposas”, “churrigueresco” y “confabulación”. Me falta mucho para ser uno de los que critico y llegar a ser uno de los que admiro.

3 comentarios:

Mariana Becerril H dijo...

JP, totalmente de acuerdo... Arriba la claridad y la sencillez!

Huatch dijo...

Arriba!!!!!!

Anónimo dijo...

Una vez más te felicito por lo que escribes, por tus buenas intenciones y comprensión para todas las generaciones (incluyendo la mía = ) ). Es una realidad que damos por un hecho con todos entienden y que todos estamos en el mismo nivel de conocimiento en todos los sentidos. Un abrazo y sigue echándole ganas.