lunes, mayo 09, 2011

Día de las madres… día de mentar madres

El complejo de Edipo es un conjunto de emociones y sentimientos infantiles que se caracterizan por tener simultáneamente deseos amorosos y hostiles hacia la madre. Esto en palabras del psicoanálisis, pero en la jerga cotidiana podemos decir que sólo buscas darte tu jefa. ¿Suena enfermo? ¿A ti no te pasa? ¿Tú no eres de “esos”?

Hay dos situaciones que denotan visiblemente la devoción incondicional hacia la progenitora: Primero, un sencillo “chinga tu madre”; insulto que es tomado muy personal y considerado una verdadera agresión intolerable, aun cuando la acción sugerida por la persona que lo pronuncia es una invitación a consumar los deseos edípicos del insultado.  Sería como enojarse porque alguien te exprese “que Dios te bendiga”; sólo están sugiriéndote lo que tú previamente ya deseas.

La segunda, es el Día de las Madres. Nada comprueba mejor el conflicto edípico, que una festividad donde todo gira en torno a la madre, donde las empresas suelen dar medio día -o incluso el día completo- como asueto para estimular a sus trabajadores a celebrar esta conmemoración en función de lo que mami quiere.

Pese a toda esta algarabía alrededor del 10 de Mayo, hay algo que se esconde por debajo de toda celebración y lleva una carga negativa que recae en cada uno de nosotros. Nadie se atreve a aceptarlo abiertamente por no arruinarle el día a su jefecita santa, pero la realidad es que ella opina lo mismo: El Día de las Madres apesta.

El 10 de mayo es probablemente el día de mayor caos vial en la Ciudad de México. A cualquier hora hay más automóviles que de costumbre. Las calles de la ciudad se visten de gala con el sonoro estruendo del claxon mentando madres, recordándole al pendejo del coche de enfrente que su mamá lo espera para comer.

¿Realmente es un día mágico y maravilloso para sentirse la reina del día?

Para mamá, la mañana empieza cuando su familia la despierta con algo que simulan ser Las Mañanitas, aunque la entonación te da más idea de algo similar a Bob Dylan recién despierto después de una noche de farra. Una vez que termina el suplicio coral, los hijos le entregan espantosos regalos hechos en la escuela con sopa de pasta y Resistol que mamá tendrá que colgar -con toda pena- en su sala o comedor por quién sabe cuánto tiempo antes de que los pueda quitar y no deje un trauma severo en sus criaturas.

El esposo, orgulloso, le entrega un regalo de Palacio de Hierro y aunque la mujer le ha dicho por casi un año que trae antojo de unos aretes, él le regala un suéter rosa-chíngame-la-retina.

¿Por qué el esposo celebra a su esposa en el día de las madres?  Ese es trabajo de sus hijos y el del él es celebrar a su mamá ¿qué no? Como detalle conmemorativo extra, este día el esposo prepara el desayuno a su mujer y la pobre señora tiene que tragarse la fruta mallugada –sin albur, aunque con albur vendrá al final del día-, un huevo desabrido, y un pan quemado. ¡Vaya forma de iniciar su día!

Mamá tiene que correr y alistarse porque en la escuela de sus hijos la esperan para el festival que año con año repiten, cada vez con peor sonido y con mayor descoordinación. La faena no es sólo bañarse y vestirse a ella sola. El tierno esposo le hizo de desayunar a ella pero los niños tienen hambre y nadie pensó en ellos. Tiene que ayudarlos a disfrazarse para el festival, peinar a la hija que trae el pelo enredado y callar al bebé que llora en medio de esta vorágine matutina.

Por fin se sube a su camioneta Voyager, repleta de restos de comida chatarra, pañaleras, carreolas y sillitas para el hijo más pequeño, el cual vuelve a llorar en el momento en que le ponen el cinturón de seguridad. El tráfico es desquiciante y poco a poco le empieza a cambiar el semblante; tal vez toda la idea del día de las madres no resulte como año con año lo imagina.

Llega a la escuela y no hay dónde estacionarse, algunas mamás aplican la doble fila y una que otra loca ya se estacionó cubriendo el portón de los desafortunados vecinos que residen en la misma cuadra que el colegio.

Mamá se baja con un niño en cada mano y el bebé en la carreola, encima del bebé va la cámara de fotos, la de video y su bolsa; para colmo, tiene que ir estirando el suéter rosa-chíngame-la-retina que le quedó de ombliguera para no mostrar de más.

El festival transcurre con más pena que gloria. Desorganizado, aburrido y con sus querubines como extras en el montaje sin historia que las maestras prepararon mientras “Mamá” de Timbiriche suena en el sonido local de la escuela. Es hora de regresar a casa para cocinar.

Es su día y mamá merece lo mejor, pero antes hay que preparar los platillos que todos degustarán en la celebración. Llega a casa y comienza a preparar la ensalada, el bife, la pasta y hasta el postre. Mientras los hijos se encierran a ver caricaturas, ella sintoniza al Chef Oropeza por el Canal de las Estrellas en la tele de la cocina, quien le hará compañía mientras le ofrece 25 productos que hoy la quieren felicitar.

Es medio día y el tráfico va in-crescendo. Es hora de salir a casa de la abuela, donde se llevará a cabo la celebración del día. Mamá empieza a tener un inmenso mindfuck al darse cuenta que en su día es el día que más trabaja.

Las que no cocinan y van a comer a un restaurante se topan con una fila interminable y con un libro lleno de rallones que simulan reservaciones a la entrada. El capitán del restaurante comienza a rasgar su traje de pingüino toda vez que alguien le mienta la madre en el día menos apto para hacerlo; poco falta para que se torne verde y tengamos secuela de la película Hulk.

Ya en la comida, se encuentran reunidos: la abuela, las tías, los primos, la familia política y uno que otro colado. Transcurren las horas sólo para darse cuenta que mamá pasó el día de las madres con todo mundo menos con sus hijos, quienes se encuentran jugando y platicando con sus primos.

Es hora de enfrentar el tráfico seminocturno y regresar a casa. El problema en las calles ahora, no es la cantidad de coches sino el zigzag de los automovilistas; en el fervor de festejar el complejo de Edipo, los afables esposos se tomaron one-too-many del whisky. El peligro es inminente y mamá le pide las llaves al marido para manejar, ahora en su día, también la hace de chofer.

A esta hora, mamita querida trae un dolor de cabeza que ya no soporta, está cansada y de mal humor… ¡Vaya día! El esposo retozón todavía tiene los huevos de ofrecerle un regalito al mero estilo midnight special… debería tener cuidado con lo que ofrece.

El Día de las Madres es probablemente el día más pesado para las mamás, es el día que más trabajan, más organizan, más corren y más atienden. La gran celebración que ellas tienen es al final del día, cuando todo acabó y pueden relajarse y dar gracias a Dios que esto no volverá a suceder hasta dentro de otros 365 días.

2 comentarios:

Georgina dijo...

Estoy de acuerdo. Sin embargo, pienso que habemos más haters fuera del closet de lo que crees. Ja! Besos.
G.

Huatch dijo...

jaja y tú llevas el estandarte!