lunes, mayo 16, 2011

¿Calderón anda de vacaciones?

Twitter se ha convertido en el callcenter de quejas -por excelencia- del gobierno. Yo, al igual que muchos, he aprovechado este contacto directo con distintos personajes de la política o con las instituciones gubernamentales respectivas para hacer pública mi queja y buscar su resolución.

El gran problema con muchos mexicanos es que desconocemos el significado de la palabra “mesura”. Nos cuesta saber hasta dónde. Sabemos que los focos de poder son un grave problema en nuestra sociedad, el poder por poder. Una posición privilegiada siempre nos ha costado trabajo; no sabemos cómo asumirla y nos embriagamos de autoridad para hacer a diestra y siniestra.

Esto no aplica sólo para el sector público: en el sector privado, en la escuela, en nuestras casas… Generalmente cuando sentimos que tenemos poder, que tenemos voz, queremos desquitarlos. En este auge de redimir la escaza oportunidad de una zona privilegiada, nos perdemos en la subjetividad. A esto se suma que dicha zona privilegiada provoca ser el foco de atención, una posición delicada y hasta incómoda para cualquiera.

En otras palabras, desde que Twitter nos permite “regañar” y demandar directamente a nuestros gobernantes, nos hemos embriagado con el mismo licor que ha corrompido a algunos de ellos. Sentimos el poder de hacerlo y en vez de buscar la mesura y la objetividad, tomamos de la misma botella y nos ponemos en una postura mesiánica.

Ese es el vicio del poder, no sabemos qué hacer con cuando nos llega. Perder el piso resulta demasiado fácil.

Es muy sano tener línea directa con el Gobernador, con el Secretario o con el Presidente. Pero la línea es tan delgada que caemos fácilmente en lo enfermizo. Exigimos que respeten la ley y sean mesurados en sus declaraciones, pero lo hacemos comparándolos con animales y tirándolos de pendejos. ¿Cómo podemos exigirles si nosotros somos los primeros en utilizar insultos y no le damos la seriedad correspondiente a nuestra queja? ¿Quién nos creemos para exigir lo que nosotros mismos no estamos dispuestos a dar? Estamos cometiendo el mismo error por el cual les estamos reclamando; proporciones guardadas.

Hace unos años, el pueblo estadounidense reclamó las exageradas vacaciones y días libres que su entonces presidente, George W. Bush, se tomaba. Lo veíamos en su casa de fin de semana posando con sus perros, cazando venados en un bosque, pescando salmón en algún río; todo mientras Estados Unidos sufría una crisis por impactos terroristas, deudas internas y caídas de bolsa.

Hoy tenemos un efecto similar en México. No por las fotos publicadas en los tabloides de Felipe Calderón cazando venados, sino por lo que el mismo presidente decide compartir a través de su cuenta de Twitter.

Esta semana decidió compartir su reunión con Bono, su asistencia al concierto de U2 o los pormenores del partido de semifinal entre Morelia y Cruz Azul. Los reclamos masivos inevitables llegaron casi de inmediato: “Pinche huevón, ponte a trabajar”, “Creas una guerra y la desatiendes por andar en la fiesta”.

Algunas personas gallardas decidieron reclamar con copia al Presidente, haciéndole saber directamente su molestia; algunos otros fueron más precavidos –por no decir sacatones- y comentaron lo mismo sin suscribir destinatario, a sabiendas de que todos entenderíamos de quién estaban hablando.

El reclamo general era el mismo: ¿Cómo puedes estar disfrutando del espectáculo cuando el país está como está? Dicho reclamo sucedía mientras ellos mismos veían a los Pumas, al Morelia o a U2. Exigimos sin exigirnos.

Que el Presidente comparta lo que hace en sus ratos libres no significa que no trabaje el resto del día. Todos lo hacemos. ¿A poco todos nosotros trabajamos veinticuatro horas los siete días de la semana?

Cada uno pone su granito de arena para sacar a México de la crisis social que nos atañe; algunos son granitos y otros son rocas pero cada quien, desde su posición, debe hacerlo. No por eso debemos de perder toda objetividad y decir que ver un partido de fútbol en fin de semana impide llevar a cabo nuestras responsabilidades.

Calderón trabaja más en fin de semana que la mayoría de los que están leyendo –o escribiendo- estas líneas. Nosotros nos desentendemos de nuestras labores el viernes por la tarde y no las retomamos hasta el lunes por la mañana. Sin embargo, por un par de eventos que caen en sábado y en domingo, lo tachamos de huevón, de irresponsable y de descarado.

Ser Presidente no te quita tu estatus de ser humano. Eso lo debe de entender él pero también lo tenemos que entender nosotros. No es Terminator: no es una máquina; es un ser humano que necesita comer, se enferma de gripa, se fatiga tras una jornada intensa de trabajo y le da sueño cuando no duerme.

¿Está haciendo bien o mal su trabajo? No lo sé y no es el foco de discusión en este texto. Pero el hecho de que haya visto el partido de fútbol y haya acudido el sábado por la noche a un concierto no es referente suficiente para juzgar la cantidad o calidad de su trabajo.

¿Cuántos de ustedes están leyendo este blog en horas de trabajo? Yo -he de reconocer-, lo escribí en dichas horas.

2 comentarios:

Mexicanfiend dijo...

Quien esté -estemos- libre de pecado, que tire la primera piedra. Lo único que le reconozco a Calderón es su finísimo gusto futbolero, jajaja.

Anonymous dijo...

Concuerdo, como cualquier otro empleado (eso es lo que nuestro Presidente es, un empleado del pueblo Mexicano) tiene losmismos derechos y obligaciones.

Aunque su trabajo sea altamente demandante es 100% humano esparcir la mente para muchas veces poder retomar todos los to-do's con mente fresca.

En cuanto a la gobernabilidad, no la voy a discutir, soy apolítico y en verdad me disgusta mucho la materia, he perdido toda confianza (mas no la esperanza) en esta "clase".

Saludos.

@LordMacGregor