martes, febrero 15, 2011

Juay de Rit

Joaquín López Dóriga, anchorman del principal programa de noticias ayer le tocó estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, en una situación que a nadie le gustaría estar.

La entrevista de Joaquín al actor Anthony Hopkins y las fallas en la traducción simultánea le valieron para ser la comidilla de las redes sociales y las pláticas de sobremesa del día de hoy. Su pobre inglés lo evidenció ante miles de personas y los comentarios de todo tipo comenzaron a lloverle directa e indirectamente.

Entre los chistes y la picardía mexicana que se burlan con gran creatividad del desafortunado suceso para el comunicador, surgieron voces que sin salsa de sarcasmo ni un toque de mofa, decidieron opinar sobre este asunto de manera seria y, según ellos, objetivamente.

“…es un inepto“…hizo el ridículo” “Se vio muy limitado el periodista mexicano” “López Dóriga da pena ajena” son sólo una muestra de comentarios al respecto, sagaces y acusativos, pero -considero yo- muy poco atinados.

Las redes sociales han abierto las puertas a una comunicación interpersonal con una fuerte diarrea de palabras y un gran estreñimiento de pensamientos. Queremos ser los primeros en opinar, antes que opinar atinadamente.

Más allá del trabajo periodístico de López Dóriga, ¿este incidente por sí solo es motivo suficiente para adjetivar de tal manera al conductor del noticiero nocturno? ¿El nivel de profesionalismo de Joaquín se vio mermado por la fallida entrevista? No quiero entrar en el tema de adjetivar su nivel periodístico, simplemente acentuar que este hecho no debe de ser un driver que mueva la aguja... ni para arriba, ni para abajo.

¿En qué momento el idioma anglosajón se convirtió en un requisito indispensable para pararse enfrente de las cámaras de una cadena de televisión de habla hispana? Podemos quejarnos sin tregua del mal uso del español: cuando alguien ante cámaras se atreve a usar “en base a” o cuando abusan de una muletilla, pero no hay sustento válido para acusar a un periodista de un noticiero en español por no hablar inglés. ¿A caso Larry King tenía que hablar español fluidamente por el simple hecho de sentarse a entrevistar personas detrás de un escritorio frente a las cámaras de CNN?

López Dóriga utilizó un recurso muy válido en un mundo globalizado donde el idioma es la única barrera para conocer y sentir como propio un contenido extranjero. El problema de este fallo no es el poco conocimiento del idioma inglés por parte de Joaquín, no es él quien debe ser señalado

La crítica debe existir, pero está mal direccionada: es al fallo técnico de la producción. Nadie en dicha producción quiso que esto sucediera, a veces la tecnología es más caprichosa que una adolescente en su periodo.

La prevención ante situaciones fuera de control es tan importante como la transmisión misma, tal vez a raíz de esta experiencia se aprenda a no hacer entrevistas en vivo cuando se depende de una tecnología tan elemental como un micrófono, un audífono y unas baterías Doble A. La Ley de Murphy lo estipula bien: “Si algo puede salir mal, seguramente lo hará”.

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