jueves, diciembre 03, 2009

Entre Franelas y Estacionamientos

Tener coche en la Ciudad de México es un tema tan vasto y complejo que podríamos generar un libro del tamaño de una Biblia en Braille… Tráfico, accidentes, peseros, taxis, falta de conducta cívica de los que manejan y de los peatones, los limpiaparabrisas con jabón corrosivo y las largas distancias… Pero existe un tema en específico -que paradójicamente empieza cuando te bajas del coche- que puede más que todos los anteriores: La estacionada.

¡Es un pedo! Así, sin rodeos… No puedes guardar el coche en el bolsillo del pantalón y llevártelo a pata a donde vayas; tienes que dejarlo ocupando 6 metros cuadrados de terreno en la ciudad de México… ¡Y todos sabemos lo caro que es el metro cuadrado en esta ciudad!

En una ciudad con tantos robos de autopartes o robos totales de automóviles, es irónico que la mejor opción para estacionarse es cuando encuentras un espacio en plena calle. ¡Así es! Tu mejor opción será dejar tu coche en la vía pública con el riesgo de que al regresar esté en ladrillos o simplemente no esté… Con el riesgo de que le falte un espejo, tenga un rayón de llave, un clavo en la llanta o esté chocado.

Fuera de esta opción, todas las demás serán una violación con agresión a tu cartera… Siguiendo en la calle viene el primer riesgo: Un güey con playera de las Chivas de la temporada ’91-’92 y un trapo rojo en la mano. Este “dueño de la calle” apaña toda la acera con cubetas de Comex para decidir arbitrariamente quién se estaciona y quién se jode; ultimadamente esa decisión depende de que le des lana o no.

El ya apodado “franelero” dirá que él te cuida el coche. Nunca he entendido cómo le haría en caso de que un asaltante quisiera llevarse un automóvil… ¿Le dará de paliacatazos en las nachas al delincuente con su franela roja para espantarlo? ¿Para qué le sirve su franela entonces? Estoy seguro que si llega un amante de lo ajeno con cuchillo o pistola en mano, este güey saldría corriendo más rápido que Usain Bolt. Entonces no estaría cumpliendo su promesa básica de cuidar mi coche ¿Por qué me cobra entonces? Es un asalto post-moderno con arma blanca, en otras palabras: te asaltaron usando un pinche trapo

La extorsión se vuelca aún más inverosímil cuando el cobro es a-posteriori. Un carnal se acerca en cuanto ve que metes la mano al bolsillo y sacas un llavero… Vendrá corriendo hacia a ti mientras grita “¡¡Yo se lo cuidé… yo se lo cuidé!!” cuando ni siquiera sabe en qué coche es el tuyo de los 850 estacionados en esa avenida.

Si de plano la calle no es lo tuyo, eres más burgués o simplemente no encontraste lugar, no tendrás otra opción más que un estacionamiento público: ¡Una nueva encrucijada!... Entras con miedo de nunca salir vivo de ahí; suelen ser más oscuros que una mazmorra y generalmente son atendidos por unos güeyes con una voluptuosa barriga chelera y bigote “a-la-Zapata”.

Estos tipos con cara de pocos amigos te darán un papel donde supuestamente apuntaron tu hora de entrada en jeroglíficos egipcios. En la parte posterior del papelito vendrá escrito en letra Times New Roman – Tamaño de fuente 3, todas las leyendas que los indultan de hacerle lo que quieran a tu coche. Pueden robártelo, chocarlo y mearse encima del cofre y estas letras del tamaño de una chinche los salvarán de cualquier queja que puedas tener.

Como grandes conocedores del negocio, cada cajón de estacionamiento medirá 3 centímetros menos que el ancho de tu coche para que les quepan más autos. Conforme vas avanzando mientras buscas un lugar para aparcar, parece que estás viendo un desfile de barras Kit-Kat de lo embarrados que quedan los coches uno tras otro.

Al salir de estos estacionamientos, el cobro lo hacen sumando y restando cuartos de hora con los dedos. Ese compa’ -que seguramente no conoce ni las tablas básicas de multiplicación- decide arbitrariamente decir un número al azar para cobrarte lo que se le dé la gana.

Nunca he entendido: Si en el mercado te cobran la fruta por kilo y la tela en La Parisina te la venden por metro ¿Por qué los estacionamientos no te cobran por minuto? Ah no… a fuerza es la primera hora completa y cada fracción extra, dividida en 15 minutos.

Hay otro tipo de estacionamientos públicos que viven fuera de toda realidad económica mundial, especialmente los hoteles y los aeropuertos; curiosamente 2 lugares donde no te bajas a rentar una película y salir de ahí a los 15 minutos; en uno la gente pernocta y en el otro… pues también. Me recuerdan a Dr. Evil cuando pide “Kajillion Bajillion Dollars”… Tienen sumas estratosféricas por cada hora de estacionamiento. Una semana en ese lugar y te conviene comprar un nuevo coche… ¡Te saldría más barato!

En los estacionamientos hubo una revolución hace ya algunos años cuando decidieron liquidar a miles de personas y sustituirlas -como nos sucederá a todos eventualmente- por máquinas. La idea detrás de este maquiavélico plan es que a las máquinas no les pagas un salario ni hablan para reportarse “enfermas”. Lo justo sería que al tener menos egresos, te cobrarán menos por cada hora, pero necesitarías estar drogado para pensar que eso puede suceder en el mundo capitalista…

Estás máquinas parecen tragamonedas de farmacia, y pobre de ti si se te ocurre pagar con billete de alta denominación porque tu cambio caerá en moneda fraccionaria sobre una bandeja de aluminio tan ruidosa que parecerá que te acabas de hacer millonario en Las Vegas jugando al Triple Trébol.

Si corres con un mal día, la máquina se tragará tu boleto o no te dará tu cambio, lo cual te obligará a picar el botón junto a la bocina. Al hacerlo por unos 4 ó 5 minutos, una voz sin sentimientos y acartonada por fin te contestará. Una cosa llevará a la otra y en lo que resuelve tu situación… ¡Bang! Tendrás que pagar otra hora por los 18 minutos que te hizo esperar.

La cosa se pone más absurda cuando el estacionamiento no es público. Es decir, vas a un restaurante a gastar tu dinero y encima de todo te cobran por llegar. No vayas a gastar cientos o miles de pesos en un centro comercial sin dejar $40 en la bolsa, porque sino no habrá forma de llevarte el shopping a casa…

La evolución del negocio de estacionamientos ha ido buscando nuevas formas de bajarte más lana. Un método vigente y muy efectivo es el Valet Parking: dos palabras que huelen peor que la caca de un San Bernardo… Así es, encima de pagar las horas que pases en el lugar, tienes que pagar el servicio de Valet y dar propina por el “servicio”.

Podrías perfectamente estacionarlo tú, pero no… Te ponen a un mocoso sin licencia vestido de chaleco para que él lo estacione por ti. De perdida deberían hacerlo temático con hipopótamos de la película Fantasía que llegaran bailando en su tutú a pedirte las llaves.

La pesadilla sigue increchendo cuando se suben a tu coche. Como bien apunta el Manza, se necesitan 30 segundos para que este ser humano le quite el olor de nuevo al coche y lo impregne con un olor que es el resultado de la mezcla entre la loción “7 Machos”, sudor, cigarro y otros elementos que no logro identificar.

Encima de esto, mueven tu asiento y los espejos a tal grado que tardas más de media hora en volverlo a acomodar en la posición original… Dejan el volante pegostioso, tu radio queda sintonizado en la Ke Buena! y jalan la palanca del freno de mano hasta el techo… Eso sí, dale propina por el servicio, no vaya a ser que pateé tu coche.

La cosa se vuelve más absurda cuando lo estacionan ¡En la calle! Lo cual sólo significa que: Pagas por un estacionamiento, por la cantidad de horas que pasas en él, por el servicio de Valet Parking, más la propina… por hacer algo que pudiste hacer tú solo a media cuadra.

Conclusión: Central Parking System es el anticristo y los “viene-viene” con su franela espanta-ladrones son sus mascotas diabólicas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Viva el product placement...COMEX, Kit - Kat hahaha!

Anónimo dijo...

Mi trauma en contra de la apropiacion del espacio publico, excelente post!
(no tengo acentos)
Besos,
Moni