viernes, diciembre 11, 2009

Comidas de Amor-Odio

Hoy era un día como cualquier otro, donde decidí ahorrarme un varo -por aquello de los compromisos navideños venideros- y comer en el comedor de empleados de la oficina. Como buen oficinista, con la corbata entre los botones de la camisa y las mangas remangadas, tome mi charola y me serví los platos que enamoraron al ojo… aunque usualmente son los menos agraciados al paladar.

El menú de mi elección fue una sopa de poros y papa -que sigo sin entender qué son los poros porque nunca los veo flotando como la papa-, una ensalada insípida, un espagueti rojo con trocitos de jamón, una carne asada y por último una gelatina amarilla en un vasito de plástico desechable.

Sentándome a la mesa como cualquier otro día, empecé con la sopa de poros y papa, que por cierto, “Poros y Papa” suena a dueto musical baturro de los 80’s, al mero estilo de Alaska y Dinarama... Hasta hace pocos años me enteré que el nombre era “Dinarama”; crecí pensando que era “Dinamarca” y el grupo hacia alusión a distintos países o zonas geográficas del mundo por algún motivo…

Regresando al tema.

Cuando fue el turno del espagueti rojo con trocitos de jamón; tomé el cubierto y comencé la “danza del tenedor” sobre el plato, dando vueltas cual Michael Jackson en un intento fútil por enredar el suficiente espagueti como para que el bocado me sepa a algo, pero no tanto como para no poder meter el tenedor a la boca… El resultado fue, como es de esperarse: Dos o tres tiras de espagueti quedaron fuera de mi boca y comencé la “operación aspiradora” sin contar que los coletazos del espagueti bañado en salsa de tomate producirían un salpique excepcional sobre mi camisa blanca, dejando una obra de arte al mero estilo de Kandinsky sobre mi pecho.

En ese momento maldije al espagueti –no por primera vez en mi vida- y lo condené a desaparecer de mi menú para siempre… Recuperando el sentido un tiempo después, cambié de opinión… después de todo es de mis pastas favoritas.

Me di cuenta que entre el espagueti y yo existe una relación amor-odio en la cual no podemos vivir sin el otro, pero tampoco podemos vivir con el otro… Es una especie de relación enfermiza por la cual generalmente se recomienda terapia en pareja, pero sé que en dicha terapia el espagueti tendría muy poco -o nada- qué decir.

Pasado el espagueti y el plato fuerte, mi mente comenzó a divagar mientras disfrutaba de la gelatina amarilla en vasito de plástico desechable, acerca de la comida que genera este tipo de relaciones enfermizas y adictivas que nos hacen querer odiarlas para siempre, aunque antes de darnos cuenta estemos de vuelta con ellas.

Lo mismo sucede cada vez que voy al cine… Las mentadas palomitas mantequillosas tienen a bien dejar esas molestas cáscaras cafés entre el diente y la encía; su forma moldeable las hace imposibles de sacar con la uña del dedo índice. La desesperación me ha llevado a buscar soluciones creativas, pero sin efecto positivo: Lo he intentado con el hilo del calcetín que traigo puesto ese día, lo he intentado con el ticket de compra de las palomitas, y hasta he hecho inútiles intentos de sacar esa cáscara con la esquina del popote del Icee. Simplemente sale cuando se aburre de estar ahí… un par de horas después de terminada la película, la molesta cáscara toma sus chinches y se muda de casa hacia el tracto digestivo, su destino original.

Y ya que sale a colación… el Icee. Sí, ese litro de pintura con sabor concentrado a sacarosa pura que lo hace adictivo. Todo empieza bien, mientras están los cortos y los anuncios de la dulcería, se comporta como todo un caballero… Pero no empiece la película porque de pronto, sin advertencia previa, el popote deja de hacer su trabajo. Produces sonidos que se escuchan en la sala adyacente y el Icee simplemente no sube. Quitas la burbuja plasticosa de encima y miras con extrañeza que el vaso sigue lleno hasta la mitad… Entonces empiezas, como protagonista del filme Psicosis, a apuñalar los restos de Icee en el vaso con el popote… Intentas nuevamente pero no consigues más que un par de sorbos. Ya cansado de repetir esta operación 5 ó 6 veces, acabas tomando el Icee directamente del vaso, poniéndolo en un ángulo inverso a tu cara y desafiando a la gravedad, mientras das ligeros golpeteos en el fondo del vaso con la otra mano invitando al hielito pintado a salir de su refugio… Cada vez que voy al cine es lo mismo y generalmente un poco de esta pintura comestible acaba en la camisa.

El sushi es otra comida que, por apetitosa que sea, tiene sus bemoles. Según yo los orientales son gente pequeña… No entiendo qué demonios hacen para abrir la bocina lo suficiente como para que les quepa, sin problema, un rollo kanikama. Cada vez que alguien come sushi parece que estamos presenciando al majestuoso Tiburón Ballena mientras se alimenta de plancton en las rústicas costas de Hol-Box... Después de 8 piezas de sushi surge un dolor peculiar en la mandíbula por el esfuerzo hecho, pero que el rollo entre a la boca sin molestias nos es el único problema… Una vez dentro de la cavidad bucal, nos enfrentamos a un mazacote de arroz, algas y algo más. Este mazacote nos limita de masticar decentemente por los primeros 30 segundos del bocado y luego pasarlo por partes hacia su destino final. Las mujeres son más inteligentes… aunque suenan berrinchudas enfrente del mesero, acabo envidiándolas cada vez que piden que el rollo dividido en 10 partes en vez de las 8 tradicionales.

Hay ciertos alimentos que parecen inofensivos, de entrada pensamos que son más dóciles que un perro labrador, pero en el momento de la verdad pueden convertirse en tu peor pesadilla. Tal es el caso de las tortas. Sí, una torta común y corriente… es tan común y tan corriente que no nos detenemos a pensar lo mortífera que puede llegar a ser. En Francia conocen a este mal como “El mal de la Baguette”. Cuando la torta está hecha con telera no encontramos este problema, pero debes de tener cuidado si te enfrentas a un bolillo o a una baguette… En cada mordida, la cortezuela costrosa epidérmica del pan se quebrará, liberando pequeños pedazos con un solo propósito: lastimar la parte trasera de los dientes, justo antes del paladar. Al final de la torta sentirás que tu paladar pasó a mejor vida… Mientras limpias las reminiscencias de la torta en los molares con tu lengua, los incisivos morirán de envidia al ver a sus vecinos relucientes, mientras ellos sufren el dolor del “mal de la baguette”. Por supuesto ya no contemplamos la tortura psicológica que provoca la torta cuando estás a punto de terminar y te das cuenta que todas las capas entre el pan han desaparecido o se están desparramando por la parte trasera.

Aunque los dulces y golosinas son la fascinación de los infantes, tienen también su Dark Side. No me refiero a la trillada advertencia de los padres cuando nos fastidiaban maldiciendo a cualquier cosa con azúcar por su capacidad de picar dientes, sino a ciertos dulces que fueron maléficamente planeados para recordarnos épocas de la humanidad con tanto sufrimiento como la inquisición o la quema de brujas en el siglo XVII…

El puesto No. 1 es para la paletita del búho mamila que no sabe aguantarse para llegar al chiclo-centro de la Tutsi Pop. Esta “inocente” paleta funciona como cuchillo Yuyitsu –As Seen On TV- minutos después del primer intento por llegar al centro de la Tutsi Pop y unas pequeñas pero filosas burbujas de aire brotan para cortarte las papilas gustativas como samurai descarrilado.

Las Ricaletas se llevan el puesto del primer perdedor (o sea el 2° lugar)... Estas paletas con reminiscencias a nuestra infancia dejan grandes trozos de caramelo pegado en las muelas con la capacidad de triturar cachete y lengua al mismo tiempo. Es imposible disfrutar de una Ricaleta sin morderse cualquiera de estas dos partes.

Hay una cosa en especial que me perturba… La iglesia católica le llama “el cuerpo de Cristo” pero no creo que Jesús quisiera que sufriéramos mutilaciones cada vez que hacíamos la práctica caníbal de comernos su cuerpo... Me refiero a las obleas, esas ingenuas piezas de 1 milímetro de espesor capaces de dejarnos una sonrisa como la del Guasón interpretado por Heath Ledger… El dolor que dejan con su paso es indescriptible.

Pero la comida procesada no es la única con este mal. Dios también puso en manos del hombre algunos alimentos con peculiaridades similares... La manzana, fruto prohibido mencionado desde el Génesis, es uno de ellos. Seguramente estaba prohibido para evitar el dolor que causa cuando los dientes atraviesan la corteza de su cáscara y arrancan la primera mordida. Segundos después volteas a ver el fruto amarillo con un tallón de sangre proveniente de tus encías; te percatas de esto y con tu lengua sobrepasas la zona afectada con un sentir de la encía maltratada.

La piña es otro fruto del diablo… su sabor cítrico te deja la lengua lo suficientemente arisca como para cantar “Amorcito Corazón” mientras tallas una puerta de madera con tu lengua-lija. La sandía no se salva de ser una comida de amor-odio, no por las repercusiones físicas y dolores que pueda producir, sino por la hueva que produce tener que estar expurgándola de semillas negras y blancas cada vez que la tienes enfrente… Hay dos técnicas para hacerlo: la elegante y la técnica de la “ametralladora”. La elegante es tomando un par de cubiertos y delicadamente discriminas el fruto de sus semillas desde el plato… La “ametralladora” es meterte el bocado completo en el océano -léase boca- y clasificar cuidadosamente las semillas en el cachete izquierdo y la sandía en el cachete derecho… Una vez deglutida la sandía, es cuestión de preparar la puntería y soplar cual Lobo Feroz provocando una ráfaga de municiones que aunque provocan diversión, el proceso de separarlas hizo que dejaras de disfrutar la sandía, que era el propósito inicial.

¿Qué necesidad tenemos de sufrir con alimentos que nos hacen la vida más difícil? ¿No podríamos ser felices comiendo arroz, pechuga de pollo y lechuga? Tenemos que complicarnos la vida, buscando alimentos que mientras los disfrutamos nos hacen sufrir… “Pégame pero no me dejes” diríamos a este tipo de comida si fueran nuestra pareja… Lo considero masoquismo nato… ¿Cuáles son tus comidas de amor-odio?

8 comentarios:

larszeth dijo...

jajajaja Huatch nunca aprendiste a comer espaguetti desde chiquito! Cómo olvidar verte a las 4pm tras haber comido con la playera llena de tomate y bañada de Fanta (refresco de naranja).

Javier Manzanera dijo...

Jaja lo peor de la comida del cine es que nunca dura lo suficiente para que cuando empiece la película todavía tengas algo jaja.

Diego Gallastegui dijo...

JAJAJAJA por mi vida que todos los ejemplos que diste se me vinieron a la cabeza. La del ICEE le dio al blanco guey jajajaja. Que me dices de las costillitas BBQ, las buffalo wings, y las tortas ahogadas... por mas ricas que sean, es una hueva tener q usar todo el servilletero and still... tienes q irte a lavar las manos porque tmb quedan pegajosas.
Tambien no puede faltar la impaciencia por querer probar el cafe antes de que este tibio, es inevitable el quemon de lengua que te dura todo el dia... ademas si el trago es muy grande y no lo puedes regresar al vaso lo tienes q tragar y tmb te quemas la garganta. jajaja

Huatch dijo...

jajajaj a huevo! me faltaron esas costillitas bbq, por los pedazos que te dejan entre los diene y por lo marrano que quedas jajajja

el cafe... te queda la punta d ela lengua insensible por dias jajajaj por eos no tomo cafe aja

Monstruo ComeToblerones dijo...

a mi me pasa que con cualquier tipo de "papas" de forma triangular tipo doritos, siempre cuando como por alguna razon muerdo y justo en ese momento la "papa" se pone vertical y zaz! uno de los picos del dorito triangular directo al paladar...

Huatch dijo...

jajaja de hecho por eso hace algunos años les pusieron las puntas redondeadas y hasta una campaña sacaron... porque los demandaron (te hubieras puesto las pilas y te llevabas un tajo) jajaja

Ana Maria Belaunzaran dijo...

JAJAJAJAJAJA como me hiciste reir!!!, cuando llegaste al Icee llore de la risa, no me pasa seguido...te rifaste! jajaj

Huatch dijo...

jajaja te sentiste identificada verdad? jajajaja