lunes, mayo 18, 2009

(Get your kicks on) Route 66

The Mother Road, como algunos la llaman cariñosamente, ha sido escenario de muchas historias contemporáneas en el vecino país del norte. La Ruta 66 es la carretera gringa con más referencias en la cultura pop.

A principios de año, taché un renglón más en mi Bucket List al manejar tan famosa carretera… ¡Oh la experiencia! Es una eterna recta similar a Matehuala no’mas que con paisaje montañés… Te sientes como si estuvieras a bordo del Rayo McQueen paseando por Radiator Springs, mientras escuchas en el iPod y cantas junto a Chuck Berry: “get your kicks on Route 66”.

Más allá de la Ruta 66, manejar en Estados Unidos es una verdadera aventura recomendada para cualquier Boy Scout amante de la adrenalina. Aunque en recientes años el GPS le ha quitado un poco el sabor a la experiencia, falta mucho como para considerarla insípida.

Todo empieza en la renta del coche, cuando un hombre que parece mujer o una mujer que parece hombre –generalmente talla XXXL- te recibe en el mostrador y te hace sentir como si estuvieras pasando por aduana nuevamente. Después de tomarte todos tus datos, copia de tu pasaporte, tamaño de calzado y signo zodiacal, te invitan a salir al lote donde un paisa con gafete que dice “Teodoro Jiménez” te entregará las llaves y señalará tu unidad en inglés fingiendo no entender el español.

Este es sólo el preámbulo de la aventura, es sólo la fila para subirte a la montaña rusa que te espera por los próximos días. Todo empieza cuando al salir a la intemperie de asfalto la aguja te marca la “E” de “échale”; te entregan el coche con los gases de gasolina suficientes como para que llegues a la estación más cercana.

Llegando a la gasolinera te das cuenta que eres un burgués que en su vida ha tocado una manguera, porque siempre hay alguien que lo hace por ti a cambio de $5 pesos. Muy decidido tomas la manguera mientras disfrutas de cómo el contador marca ceros.

Ya sintiéndote en confianza porque hasta ahí has hecho un buen trabajo, jalas la palanca y colocas el gatillo… ¡Y no sale una sola gota de gasolina!

Entras con cara de perro regañado a la tienda de conveniencia y pides auxilio, entonces el tipo leyendo Playboy detrás de la caja registradora te informa que “Money First, Gas Later” o séase que primero pagas y luego te sueltan el petróleo procesado.

Ya muy salsa y con el adiestramiento adecuado, introduces dicho artefacto y jalas la palanca esperando a que, mientras contemplas en paisaje, se llene el tanque… Pero en ese momento te topas con un grave problema: ¡Si dejas de jalar la palanca, deja de llenarse! ¿Qué truco aplican los gasolineras pa’ pasearse alrededor de tu coche ofreciéndote aditivos y checarte los niveles mientras el tanque se llena solo?

Regresas a la tienda de conveniencia de la gasolinera esperando una respuesta, y es cuando el hermano gemelo del que te atendió en la renta de coches sale en tu auxilio. Mirándote con cara de “eres un pendejo” te muestra que existe gatillo secreto debajo de la palanca que permitirá sostenerla hasta que el tanque se regocije en gasolina.

Después de este vía crucis en Shell, te enfrentas a un nuevo reto: Manejar por las amplias calles estatales. No te queda claro cómo en medio de una ciudad puede haber carreteras… ellos les llaman freeways pero para ti son tan asombrosas como la pista del Autódromo Hermanos Rodríguez.

Pronto te invade el sentimiento del “perro en periférico”: tienes tanto espacio entre carriles y ves el doble líneas de las que tiene Patriotismo que te sientes desamparado. Tu dimensión espacial se ve afectada después de estar acostumbrado a manejar en Viaducto pero de alguna forma logras tranquilizarte. En eso te das cuenta que existe un carril a la izquierda que va vacío, como buen mexicano aprovechas lo que conocemos como “ventana de oportunidad” y te cambias sin pensarlo dos veces aunque te cuestionas por qué está pintarrajeado con letreros que dicen: Car Pool Lane.

Analizas todas las posibilidades: ¿Será un carril exclusivo pa’l Metrobus? ¿Tengo que pagar por usarlo? ¿Qué significa eso de Car Pool? ¿Son albercas rodantes? Con el desenfado de cualquier mexicano, te acaba valiendo madre y sigues tu camino en esta aventura.

Pronto alcanzas la velocidad límite. Por alguna extraña razón vas más rápido que el resto y piensas: “Pinches gringos, necesitan estos carrilotes porque son bien distraídos, ¡ve qué lento vienen!”.

Acto seguido te para una patrulla equipada con mil trescientos foquitos que prenden y apagan, en contraste con los faros fundidos de las trullas mexicanas. Se baja Dwight con un Bati-cinturón que ha de pesar 300 kilos y se acerca como jinete de Marlboro a tu ventana. Recuerdas lo que dicen en las películas y pones las manos al volante respetando cada lineamiento que te ha compartido el cine Hollywoodense.

Dwight te pide los papeles y buscas desesperadamente en la cajuelita -en medio de gomitas y m&m’s- el tarjetón de circulación, te das cuenta que no es nada parecido a lo que tienes en tu tierra porque ésta parece más un chip de seguridad de Jack Bauer que una vil tarjeta de circulación; después de este pequeño análisis le entregas temblando tus papeles. Pasan cerca de 5 minutos en lo que va a revisarlos en su laptop integrada al tablero de la patrulla… tú sientes que pasan 4 horas y sigues angustiado sin saber qué infracción cometiste.

Regresa a tu ventana, con su sombrero y sus lentes de Poncharelo, y te dice que estabas excediendo el límite de velocidad. Con cara de extrañeza lo corriges señalando el letrero donde dice 85… No eres tan imbécil como para pensar que son kilómetros, estás seguro que son millas. El patrullero de pantalones ajustados voltea al letrero, regresa su mirada a tu cara de subdesarrollado y se apiada de ti con una sola advertencia: “Sir, that’s the highway number… the speed limit is over there”.

Ya con la temblorina del suceso, continuas tu camino a 13.8 km/hr. La temblorina empieza a decrecer y empiezas a tomar confianza al volante. En ese momento te topas con una caseta de peaje y el pulso comienza a acelerarse… la temblorina regresa.

No sabes qué hacer, hay como 7 tipos de casetas diferentes y tú sólo estás acostumbrado al efectivo y a la IAVE. Aquí es diferente; hay una para pagar con cambio exacto, otra para billetes menores de $50 y mayores de $10, otra con tarjeta, otra con calcomanía, otra para altos, para gordos, para coches de lujo, para carcachas, para los que le van al América y para los que le van a las Chivas… Acabas en una línea donde no hay un monito recibiendo tu lana y te apanicas. Lo único que logras ver es una canasta semiprofesional de basketball donde tienes que aventar el dinero…

Por un momento piensas en verte “bien región 4” y pasarte de largo, total no hay pluma que suba y baje; pero al instante recuerdas tu último suceso con la tira y decides hacer lo correcto. Sacas del pantalón las monedas y casi le pegas a la defensa del coche de adelante en lo que cuentas el cambio exacto; por fin llegas al tiro libre y demuestras que el mexicano es pambolero de nacimiento: no encestas ni una moneda y caen al suelo.

Se te baja la presión, estás pálido y el coche de atrás se desespera… Mientras tanto no sabes si bajarte y recogerla, sacar otro bonche de cambio y buscar la cuota o llamar al 911. Sin mucho oxígeno en el cerebro tomas la decisión de pisar el acelerador e irte del lugar cuanto antes… Total, tú aventaste las monedas y ahí están en el suelo, no has cometido crimen alguno.

Llegas al hotel más estresado que un asterisco; estacionas el coche y bajas el equipaje. Al entrar al cuarto tomas del servibar una Coca-Cola pa’ que el azúcar te devuelva el color y te recuestas en la cama.
Media hora después es momento de salir a conocer las excentricidades gringas hechas especialmente para turistas como tú; te levantas de la cama, tomas las llaves del coche, levantas el teléfono y marcas antes de salir… una voz te tranquiliza, aquello que te susurra al oído te permitirá disfrutar del resto de tus vacaciones: “Ok sir, your taxi is on it’s way…”

4 comentarios:

Javier Mantis dijo...

Jajajajaja no me habías contado tu incidente con la highway patrol. Es lo malo, cuando ya estás acostumbrado a pisarle sin temor en las carreteras mexicanas, tener que manejar limitado en las gringas hace que resulten menos atractivas de lo que parecían en Easy Rider.

Mexicanfiend dijo...

Hay tantas y tantas sutiles diferencias entre las autopistas mexicanas y las norteamericanas... Acá son la "Ruta Bicentenario", la "autopista del Sol", la "autopista de occidente"... y allá: highway 66, freeway 35...

No se si a ti te tocó, pero conocer el cómo se preparan los adlescentes gringos para sus exámenes de manejo (que les darán la licencia) es todo un martirio. Se estresan tanto o más que por su High school final exams.

Mexicanfiend dijo...

Por cierto... ya estamos linkeados ;)

Rodrigo dijo...

jajaja JotaPe, este es de los mejores posts de tu blog..me acuerdo de las aventuras de mi mama recien q nos habiamos cambiado pa'ca pa'l otro lado

tmb me acorde de cuando fuimos a esquiar, cuando le tuvimos q poner gasolina al coche antes de regresarlo

es cierto lo q dice Mexicanfiend...de hecho yo no pase el examen la primera vez q lo hice a la segunda ya le agarre maña y me dieron mi licencia