miércoles, julio 09, 2008

Centro-Comercialisfobia

Los conoces. Sabes donde están. Dominas su arte de persuasión y sin embargo, aunque los quieras evitar, acabas en uno de ellos al menos una vez a la semana.

Centro-Comercialisfobia es una fobia que tiene menos tiempo en nuestra sociedad que el sida. Hace no más de 10 años, ir a un centro comercial era un momento de esparcimiento y diversión; era una manera muy placentera de pasar un sábado por la tarde… Pero no todo en la vida es perenne.

Al igual que la gasolina Nova y los camiones cafés con amarillo de Ruta 100, esta deleitable actividad fue desapareciendo hasta dejarnos sólo con un vago recuerdo de cuando disfrutábamos una tarde dentro de esta selva capitalista.

¿Pero qué le ha pasado a este zoológico de tiendas? ¿Qué generó que tan amigable actividad, se convirtiera en una tortura medieval de la cual no podemos escapar? Hay muchas razones pero pocas respuestas concisas para estas máximas filosóficas.

Primeramente se lo debemos atribuir a que los centros comerciales de antaño -aunque sean los mismos pero con tintes de remodelación- no tenían salas de cine dentro de ellos. Ir al cine e ir de compras eran dos actividades totalmente separadas. Cuando queríamos disfrutar de una película como “Pie Pequeño en Busca del Valle Encantado”, uno se lanzaba a la Linterna Mágica o mejor aún, al Continental, que tenía forma de castillo ochenteno y colores pasteles en Avenida Coyoacán esquina con Xola. En cambio, si uno quería comprar una playera o tener una extensa variedad de comida norteamericana de moda, uno iba al centro comercial… ¡Así de sencillo!

Bien recuerdo que ir al cine era una experiencia que se acercaba mucho a ir a un estadio de fútbol: revendedores afuera de las taquillas y miles de puestos ofreciéndote los “recuerditos de la película” como la banda para la cabeza de Daniel San. Pero con la entrada del Tratado de Libre Comercio (disculpe usted el “Libre”), estos cines tercermundistas comenzaron a desaparecer para dar cabida a los nuevos monstruos como Cinemark, que no permitían la venta de souvenirs afuera de sus entradas y que –he de agradecer- trajeron una cultura cinéfila que no existía en mi infancia.

Poco a poco estas industrias del entretenimiento fueron encontrando su lugar en nuestra sociedad… ¡Y en nuestros centros comerciales! Trayendo a miles de visitantes por día a sus salas, que antes y después de la película deciden dar la vuelta por el centro comercial, volteando a cada vitrina como si fueran las pequeñas calles de Ámsterdam cualquier jueves por la noche.

Así, la sobrepoblación del shopping-mall tuvo nacimiento y con ello terminó el reinado de los recintos tranquilos y contemplativos donde todo era felicidad. Pronto comenzamos a ver manadas de gente caminando a 8 metros por hora bloqueando cualquier rincón accesible para aplicar el rebase, las escaleras eléctricas empezaron a parecerse más a una banda de producción de Chocorroles que a una forma de agilizar las subidas y bajadas… Y qué podemos decir de aquellos que caminan en zigzag… Oh, los que caminan en zigzag…

Actualmente, un sábado o domingo cualquiera se asemejan a las fechas decembrinas, lo único que necesitan es un panzón vestido de rojo cobrando por tomarse una foto en sus piernas… El departamento de calzado parece una alberca de pelotas, donde hay que nadar hasta el fondo para encontrar el tan buscado par, el fast-food hereda el sentimiento de un alberge de refugiados por el huracán Katrina, donde cada persona pasa de forma automática con la charola en sus manos, para recibir su ración de alimento…

No importa dónde busques, todos los centros comerciales han sido embestidos por esta ola que los homogeniza; se han convertido en un mal necesario para nuestros hábitos consumistas donde no podemos vivir en ellos, pero tampoco podemos vivir sin ellos.

Yo sufro de Centro-Comercialisfobia, aunque reconozco que mi padecimiento es reciente. Esperemos que la alineación de los planetas nos devuelva algún día esos rincones de esparcimiento donde los estacionamientos eran gratuitos y aun así no veíamos a toda la Delegación Cuauhtemoc reunida en una sola plaza.

Termino estas líneas con un poco de prisa. Se me hace tarde, voy a Perisur a dar la vuelta, y quien sabe, tal vez haya una buena película en cartelera…

7 comentarios:

Javier Manzanera dijo...

Creo que yo sigo encontrándole ese gusto decadente a los Centros Comerciales jaja.

Ah y cabe mencionar que Cinépolis y Cinemex son re mexicanos (aunque aun así Cinemark sigue siendo el cine de mayor calidad en el país, por mucho).

Juan Pablo a.k.a. "Huatch" dijo...

Extacto Manza... me refiero a que gracias a la entrada de Cinemark, ya luego surgieron más cadenas, que en conjunto sacaron del mercado a cines como la linterna magica y todos esos chafos!

Ma. Luisa dijo...

Pues yo que soy todavía más antigua que todos ustedes les voy a contar algo más de los cines y los centros comerciales. Los cines cuando era yo chica hace unos 48 años el ir al cine y al Continental era como día de fiesta lo celebraba como si fuera mi cumpleaños, hasta el vestido era especial...en aquel entonces ese era de los buenos. Los chafas eran el Teresa ó el Bucareli.. Había tantos cines que cuando jugaba basta en las escuela primaria en una de la columna era Cine.... había el Arcadia, el Paris, el Chapultepec con todas las letras del abecedario. Luego en los años 60 y muchos empezaron los cines con pantalla de 70 mm (creo que era esa la media) como el Diana, Manacar,(como 8 veces vi la Novicia Rebelde en ese cine) el Dorado en Plaza Satélite o el Apolo o el Hollywood frente al Toreo, cines grandes con una pantalla mucho mas grande. Ya fue muchos muchos años después que llegó Cinemark en Río CHurubusco fue el primero. De los centros comerciales mejor les escribo después ya parece mi comentario al tamaño del blog de Juan Pablo.

Juan Pablo a.k.a. "Huatch" dijo...

jajajaj estás muy cagada jefa!!!

Enrique Cuevas dijo...

Qué me dices del famosísimo Molino del Rey??? jajaja
Otro apunte..... veo dificil que se te cumpla tu deseo ya que lo planetas no se pueden alinear de igual manera que antes a falta de Plutón jaja saludos

monch007 dijo...

Bueno... qué flashback con Pie pequeño en busca del valle encantado o era perdido ¿? ya ni me acuerdo, pero lloraba. Creo que la primera película que vi en el cine fue Marcelino pan y vino en la Linterna (linternititititita) Mágica de San Jerónimo. Totalmente de acuerdo con la alberca de personas y zapatos mientras sólo quieres salir de un pendiente.
Yo pasé de un cariño por la Galería en Houston o los malls americanos a ABORRECER todo lo que tenga que ver con shopping malls. Prefiero las calles como en Soho, 5th Av (chale ni que comprara ahí ¿verdad?), Pasadena o ya de plano Mazaryk, Altavista, Coyoacas, la Condesa o lo que quieran!... jajaja Pero efectivamente, deberían de ser entes separados. Ontológicamente el cine es el cine y el mall es el mall. De acuerdo.

Saludos!!

Anónimo dijo...

No se quien fregados seas pero estas de lo mas kgadoo !..