domingo, marzo 03, 2019

¿Cómo cantaba Las Mañanitas el Rey David?


Nada. Nada es más nefasto que Las Mañanitas. Es bullying socialmente aceptado. A nadie le gusta pararse, con cara de tarado, mientras todos cantan un sonsonete que parece canción de borracho a las 4 de la mañana. Es el minuto más largo de tu vida, ese minuto pasa como los años-perro, pasa 7 veces más lento para el cumpleañero que para el resto de las personas ahí paradas.

Eso si deciden cantarte la versión corta porque Las Mañanitas son como el himno nacional mexicano. Tiene estrofas que puedes elegir según tu nivel de sadismo. Está la de “el día en que tú naciste…”, la de “que linda está la mañana…”, la “ya viene amaneciendo…” y no sé cuántas más. La agonía tiene tendencia al infinito, aparentemente.

En otros idiomas la agonía es igual de dolorosa pero más corta. Es como una curita, la jalas rápido y duele, pero en un abrir y cerrar de ojos todo ha terminado, como “Happy birthday to you” en inglés o “Tanti auguri a te” en italiano. Todas ellas duran 70% menos que Las Mañanitas (sí, medí su duración mientras venía en un Uber).

Tengo un amigo que dice que cuando no tienes idea de qué hacer en la vida, pones cara de Mañanitas. Esa cara con sonrisa medio boba, volteando a ver a todos y a nadie al mismo tiempo, donde tu cerebro no registra nada durante ese lapso de tiempo. Simplemente sobrevives la masacre del foco de atención con tus signos vitales funcionando pero tu sistema cognitivo desconectado.

¿De dónde vienen Las Mañanitas? Según la letra de la canción, las cantaba el Rey David. No sabemos a ciencia cierta si él las compuso o las pidió por encargo real, pero el hecho de que la canción mencione que él las canta es una paradoja.

¿Cuando él las cantaba decía “Estas son las mañanitas que canto yo” o “Estas son las mañanitas que cantaba el Rey David”? Con la segunda opción sonaría como uno de esos raritos que se refieren a ellos mismo en tercera persona.

Tal vez él sabía que pasaría a la posteridad si se mencionaba a sí mismo en una canción, sería la forma ideal de ser recordado. Nadie lo recuerda por otra cosa, pero menciónale Rey David a cualquiera y sabe que es el tipo de Las Mañanitas. 

Maluma-Baby, Daddy Yankee… todos los reaggetoneros aprendieron del maestro. Saben que ellos mismos tienen que mencionar su propio nombre en sus canciones para ser recordados. 

Haciendo un poco de investigación descubrí que el Rey David no cantaba Las Mañanitas, éstas las compuso varios siglos después Manuel M. Ponce. Sí, como la calle. Solo espero nunca transitar la Avenida Daddy Yankee.

Manuel M. Ponce, además de componer Las Mañanitas y tener una calle en su nombre, aparentemente era pedófilo. Neta, nadie normal se atrevería a componer la frase “a los muchachos bonitos se las cantamos así”. ¿A los MUCHACHOS BONITOS SE LAS CANTAMOS ASÍ? ¡Cerdo, marrano, cochino, atascado, depravado! ¡Puaj! 

Otra cosa extraña en Las Mañanitas es que en ningún momento menciona que deben cantarse a un cumpleañero, lo más cercano a un cumpleaños es cuando dice “el día en que tú naciste nacieron todas las flores”. Si bien esta frase es botánicamente imposible, podemos asumir que se tomó un permiso creativo en la composición, pero pareciera que solo las quiere dedicar a los nacidos en primavera, como Benito Juárez, pero aquellos que nacimos en otoño deberíamos tener una versión más gótica, al estilo Tim Burton: “El día en que tú naciste murieron todas las flores”.

En realidad Las Mañanitas son acerca de un grupo de ojetes entrando al cuarto de una persona en la madrugada solo para despertarla: ¡Despierta! ¡Mira que ya amaneció! o ¡Qué linda está la mañana en que vengo a saludarte! o ¡Ya viene amaneciendo, ya la luz del día nos dio! o ¡Levántate de mañana, mira que ya amaneció!

Mi reino a aquel que invente una canción para los cumpleaños que dure menos de 6 segundos, y efectivamente vaya dirigida a un cumpleañero, no que trate sobre gente despertando gente en la madrugada sin sentido solo para decirles que la luna ya se metió.

jueves, enero 17, 2019

Hace tres años no compro jabón


Ross Geller. Nada es más Ross Geller que lo que acabo de confesar en el título de este post. Después de 3 años, rompo el silencio y salgo del clóset. ¿Se acuerdan de ese capítulo de Friends donde Ross da una cátedra de qué cosas puedes llevarte de un hotel sin considerarse robo? Los jabones entran en la lista. Entran en mi lista.

Hay un protocolo hotelero que no entiendo: Dejar un jabón nuevo todos los días en cada cuarto .¡Vamos! ¡Lo están pidiendo a gritos! “¡Llévatelo, llévatelo!” -se escucha un murmuro en mi cabeza-. Pero de verdad, necesitarías bañar a Moby Dick en una tina para poder acabarte ese jabón en un solo día. Generalmente acaba en la basura a medio usar.

Un descubrimiento importante que realicé en estos 3 años es que, a diferencia de los seres humanos, no todos los jabones son creados iguales. Su vida útil varía muchísimo. Existen jabones que duran 4 o 5 días y generalmente son cremosos, se desintegran fácilmente con el agua, Hay otros que tienen una vida útil superior a la de un fruit cake (chiste para persona que tienen más de 40 añoso crecieron escuchándolo de sus tíos cada navidad). Parte de este hallazgo es que no hay correlación entre el número de estrellas del hotel y la calidad de los jabones, es muy arbitraria y no necesariamente los mejores jabones aparecen en los mejores hoteles.

Existe más variedad de jabones que de yogurts, en esta disertación expongo 3 categorías principales:


1. Por su forma:

Algunos hoteles te dan pequeños rectángulos -si son muy muy pinches, tienen color Pepto Bismol-, esos jabones te hacen sentir en la cárcel. Estos jabones son la excepción a la regla, realmente duran solo un regaderazo; aunque te pongan de sobra, no vale la pena llevárselos. Los dejo en el hotel como una especie de protesta que nadie entiende más que yo, pero me siento bien conmigo mismo.

Existen otros en forma de galleta, como esas que tienen mermelada de fresa al centro. Por supuesto que no tienen mermelada -o sí, pero eso lo discutiremos en las siguientes categorizaciones-, pero su forma provoca que, al dejarlos en la regadera hagan un vacío entre la regadera y el jabón. Prácticamente necesitas una espátula y 150 caballos de fuerza para poder despegarlo.

Otro tipo de jabones se asemejan al Cloud Gate de Anish Kapoor, la escultura mejor conocida como “el frijol de Chicago”. El diseño de este jabón es ergonómico con tu cuerpo y permite el libre tránsito del agua por debajo de él, nunca se quedará pegado a la regadera. Su diseño, probablemente creado en la NASA o algo así, consigue que nunca hayan pedazos aguados del jabón, una de las peores cosas que te pueden suceder. Es una verdadera pieza de ingeniería.

Por último están mis favoritos, los cuadrados que de un lado tienen bolitas. Sigo sin identificar su funcionalidad. Durante muchos años creí que su propósito era masajear la piel cuando lo usas, pero estudios recientes en mi regadera indican que puede tener más sentido una función similar a la forma del frijol de Chicago, permitiendo el flujo del agua sin que se queden pegados como los de forma de galleta. 

Llegué a esta conclusión después de analizar que a) el lado que no tiene bolitas sí crea vacío y se queda pegado a la regadera y b) el “efecto spa” nunca ha sido tan reconfortante como lo es en tu cabeza. Las bolitas nunca me han dado más felicidad que espero, visualmente es muy atractivo pero sensorialmente no hay diferencia.

Sin duda creo que existe un área de oportunidad importante en la forma de los jabones. Podrían hacerlos geométricamente más sexies: cubos, redondos como pelotas -aunque habría que cuidar los dedos de los pies en la regadera-, en forma de frutas, de pirámide o de icosaedro. ¡Las posibilidades son infinitas!


2. Por su aroma:

Seamos honestos, nadie cuestiona la cualidad de limpieza en un jabón. Todos damos por hecho su función básica. El aroma, por otro lado, es el atributo más valioso de un jabón. Toda percepción sobre la calidad del jabón pende del olfato. Este motivo inició mi filia de traer jabones a casa, quería llevarme ese olor conmigo al hogar.

El olor de algunos jabones empezó a crear una relación íntima entre los recuerdos, la nostalgia y los viajes. Al bañarme en casa con ese jabón me transportaba a ese viaje. Es como llevarte un pedacito de esa experiencia cuando regresas a tu vida cotidiana, te permite recordar ese momento y sentir ese mismo sentimiento una mañana cualquiera.

Por desgracia esto no sucede con todos los jabones. Hace un par de años fui a Orlando, no creo que exista un lugar en el mundo mas sensorial que Disney. ¡Por primera vez en mi vida me iba a hospedar en un hotel del famoso ratón, un sueño hecho realidad desde los 5 años! Mis expectativas sobre el hotel estaban íntimamente relacionadas con los jabones que me iba a topar en el hotel ¿te imaginas? ¿un jabón de Mickey? ¡Tengo que llevarme tantos como sea posible!

Vaya decepción, si bien el empaque es bonito y el jabón tiene forma del frijol de Chicago con un estampado de la silueta de Mickey Mouse, no huelen a absolutamente nada. Disney está desaprovechando un momento único.

Por otro lado, hay jabones que te quieres comer a mordidas y a veces los encuentras en los hoteles menos esperados. He vivido mágicas experiencias con jabones que huelen a todo tipo de frutas, mis favoritos: pepino y sandía. Algunos que huelen a tienda de muebles de diseñador -mis segundos favoritos-. Otros que huelen a no-sé-qué que qué-sé-yo, probablemente esos logran el efecto que yo esperaba en Disney, no puedes relacionarlo con nada más que con ese lugar, creando un lazo íntimo con esa vacación y ese hotel. Puede ser el motivo inconsciente que te haga regresar a la misma cadena, así de potente es. Hay un pequeño hotel boutique en Huayacan -sí, ese jardín donde la mitad de los chilangos se casan- con el mejor jabón que he descubierto hasta ahora, gracias a sus cualidades aromáticas.


3. Por su textura:

En algún momento de la última década, los jabones empezaron a parecerse mucho a la comida y la comida empezó a parecerse mucho al jabón. Mientras la comida tiene cada vez más ingredientes como maltodextrina, sorbitol y emulsificantes -cosas que esperarías leer en la etiqueta de un jabón- ahora los jabones contienen cosas que esperarías encontrar en la comida como miel orgánica de abeja, nueces libres de gluten y trocitos de naranja de libre pastoreo, o algo así.

Esto, además del aroma, le da al jabón cualidades al tacto. Sigo sin estar convencido de bañarme y que un jabón raspe porque tiene semillas de amapola, pero es como un sello casi obligatorio de un jabón snob. Verle cositas flotando en una mezcla heterogénea es un must para aparentar ser un jabón fifí. De verdad no creo que ver pedazos de pasto en un jabón tenga beneficios para la piel, creo que es más circo que realidad.


Si bien mi afición por los jabones de los hoteles empezó como una forma de poder recordar el momento del viaje días después en mi regadera, pronto comencé a notar que llevaba meses sin comprar jabón en el súper. Los meses se convirtieron en años. Tengo un par de jabones Dove en el cajón que llevan ahí más de 3 años sin usarse.

Ahora no es solo por el aroma, es también por la increíble sensación de darle la vuelta al sistema capitalista -bájale chairo-, es como esos atajos y trampas que usabas en el Nintendo cuando jugabas Mario Kart, te hace sentir ahead of the curve.

No crean que viajo mucho, ¡eso es lo sorprendente de este hobbie! Con pocos viajes al año -de placer o de trabajo- ha sido suficiente para abastecerme por ya más de mil días consecutivos. Empiezo a soñar que un día estaré en el libro de récord Guinness como la persona que pasó más tiempo bañándose sin comprar jabón.

Les presento mi actual stock de jabones, aunque parece poco son suficientes como para año y medio, calculando 2 semanas por jabón:


miércoles, enero 09, 2019

Denme un Nobel


Hace ya algunas décadas un físico loco popularizado por una fotografía con los pelos parados y la lengua de fuera, tuvo un “¡Ajá! moment” que cambió la manera en que concebimos el universo. 

Einstein tenía en una mano el espacio. Sí, cualquier medida de distancia en 3 dimensiones. Para arriba o para abajo, para un lado o para otro, para enfrente o para atrás. Todo lo que está dentro de esas tres líneas es el espacio.

En su otra mano -quiero suponer que la izquierda, solo por diversión, realmente no importa- tenía el tiempo, como una línea donde transcurren todos los eventos de manera secuencial.

Una de sus mayores aportaciones a la humanidad fue aplaudir. Figuradamente, pues. Unió sus dos manos para conceptualizar algo que hoy conocemos como la línea del espacio-tiempo.

Neta, siendo tan inteligente y creativo, pudo haberle dado otro nombre como Chacamusca o Pantuflapo, pero no; estaba tan ocupado con su descubrimiento que solo puso un guión en medio del champurrado que hizo.

¿Y a mí en que me afecta un concepto tan abstracto?” dirán algunos que pasen por este texto. “¡Qué hueva!” continuarán.

En un montón de cosas. Sin Einstein y su gran aplauso, no tendríamos Waze o Google Maps. Gracias a este descubrimiento, podemos tener satélites girando a gran velocidad alrededor del planeta para darnos nuestra ubicación exacta. Desde nuestro punto de vista, los relojes internos de estos satélites avanzan 7 microsegundos más lento que los nuestros en la Tierra, pero debido a su distancia tan lejana, se sobre-compensa con ir 45 microsegundos más rápido cada día. Es decir, haciendo sumas y restas, sus relojes van 38 microsegundos más rápidos que los nuestros. Todos los días de su vida transcurren a una velocidad diferente a la nuestra. Si no hicieran  esto, tu flechita en Waze se volvería loca para ubicar dónde te encuentras, porque no podrías sincronizar tu reloj -tiempo- y tu lugar -espacio-, con el reloj y lugar de cada satélite que te ayuda a navegar.

Bueno, ¿qué tiene que ver la Relatividad con el título de este texto? ¿Por qué deberían de darme un Nobel a mí? Pues muy sencillo, porque, al igual que Einstein, yo también aplaudí.

Con las fiestas decembrinas, tuve la oportunidad de unir dos conceptos que parecieran ser ajenos uno del otro. Durante este Guadalupe-Reyes observé una correlación que, entendiéndola, abre un abanico de conocimiento como nunca antes habíamos experimentado.

En una mano, se encuentra el sonido, medido con decibeles. En la otra mano -la izquierda, también- la educación de la sociedad, medida con la unidad de naquez. 

Según cálculos precisos de mis observaciones, a través de trinomios cuadrados perfectos y un factor exponencial de la constante de la hipotenusa -nada de lo que acabo de decir tiene sentido- a mayor cantidad de decibeles, más naca es la persona.

Permítame desglosar esta disertación. Creo que todos disfrutamos un espectáculo de fuegos artificiales, las formas y colores mostrados en el cielo son espectaculares, pero a menor educación, mayor es el énfasis de disfrute en la consecuencia sonora, no la visual. Cuando una persona es meta-naca ni siquiera valora el cielo colorido y se limita a cuetones y palomas que explotan. Entre más duro sea el estallido, más feliz se pone el naco.

Lo mismo sucede con la música. Todo mundo disfruta -cual lemur de Madagascar- un volumen que nos haga mover el bote, pero existe una fina línea, generalmente cuando las bocinas ya suenan tronadas y la música distorcionada, que solo denota naquez aguda.

En la tangente del naco, el juego de luces deja de ser el objetivo del fuego artificial y la música deja de ser el objetivo de la festividad. El sonido se convierte en un juego primitivo de “entre más volumen tenga, más demuestro mi autoridad y coolness en mi colonia”. Algo así como gorila macho alpha de espalda plateada, pero medido con megahertz.

Mi teoría acuñada como el Volumen-Naquez Contiuum®, -pude bautizarla como Chacamusca o Pantuflapo ya que Einstein no usó mis sugerencias, pero quise honrar su legado con la misma estructura- nos permite comprender, de primera mano, el tipo de gentuza conforme crece su pasión desmedida por el volumen.

Parte integral de esta teoría es la necesidad imperiosa de hacerse notar. Un poquito como aquel köan del budismo zen que dice: “Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?”.

El naco macho alpha de espalda plateada que provoca estos decibeles NECESITA que el sonido sea escuchado por otras personas. Si no lo escucha alguien más, no provoca la misma satisfacción. El génesis de su satisfacción proviene del grado de molestia que provoque en los demás. Esta unidad se mide en un radio a partir de la fuente del sonido.

Para muestra un botón: Como prestigio divino provocado por el dios griego Ares, mientras escribo esto en el asiento 31F de un avión, el 29D decidió, por sus imponentes huevos, poner música de banda sonorense en su celular.

Ya había tenido la oportunidad de tener avistamientos de algunos nacos con sus celulares en los aviones, jugando en apps que solo suenan a monedas de Mario Bros. pero esta es la primera vez que tengo un encuentro cercano con un naco macho alpha espalda plateada que, sin agua va, pone música en su celular como si fuera la norma social.

Después de solicitarle amablemente a la sobrecargo que le invite a usar audífonos o haga cross-check para desarmar toboganes, abrir la puerta y aventarlo sin paracaídas, puedo aceptar, con mucha gracia, mi premio Nobel.

jueves, marzo 09, 2017

¡Urge legislar!

Es pleno 2017, hace casi 50 años el hombre ya pisó la luna y nosotros seguimos teniendo distintos tipos de contactos en la pared, según el país en que te encuentres. A veces no necesitamos que Dios nos castigue por construir una torre de Babel; solitos nos encargamos de hablar distintos idiomas y tener 25 tipos de contactos de pared, solo porque sí.

Algo similar pasa con los seres fantásticos y solo están creando confusión y frustración en los niños. ¡Esto debe de parar!

Recuerdo muy bien un 7 de enero de 1994 (no es broma), debieron ser las 8:45 de la mañana, apenas unos minutos antes de que sonara la chicharra para formarnos en el patio, listos para empezar las clases, después de unas buenas vacaciones decembrinas. La plática estaba acaparada por dos temas: ¿Qué hiciste en las vacaciones? y ¿Qué te trajeron los Reyes y Santa?

En eso me topé con Zorrilla. En escuela de puros hombres nos hablábamos por apellidos, nunca entenderé por qué. Zorrilla (cambié el apellido, no vaya ser que Zorrilla me lea) era un niño, a decir verdad, bastante echadito a perder. Por alguna razón genética o psicológica, se desarrolló sexualmente antes que su propio cuerpo. Estaba obsesionado con el sexo. Le gustaba la maestra que era vieja, con las chichis colgadas, pelo pintado de rojo cerillo y bastante fea. Yo creo que no le gustaba-gustaba, solo era su única referencia femenina a parte de su madre.

Cada vez que podía, Zorrilla se asomaba a verle los calzones a la maestra de inglés, por debajo de su escritorio, y amaba buscar sus senos a través de la abertura de la camisa guanga con estampado noventero.

Zorrilla también me mostró la primera Playboy en mi vida, según recuerdo. Las llevaba a la escuela en la mochila y las sacaba durante el recreo. Siempre me pareció una revista llena de muchas letras y artículos cuando mi expectativa era más bien, gráfica.

En fin. Ese 7 de enero, antes de sonar la chicharra, Zorrilla comenzó a decir qué le trajo Santa Claus. No recuerdo la lista tan a detalle como la fecha, pero era algo así como: una bicicleta, el barco pirata de Playmobil, 5 juegos, el guante y la bazooca del Nintendo, una patineta, una chamarra de los Dallas Cowboys, una gorra Nike de moda, un balón profesional de Adidas, la playera de la selección, la nueva pista de Hot Wheels, una bota sobre la chimenea llena de dulces de importación, de esos caros: m&m´s, 3 Musketeers, Sweetarts, los chicles Ouch (esos que eran como curitas), chicle de los Ghostbusters y del Bubble Tape, unos Slush Puppie (chicles suavecitos de huellitas de perro), los de Popeye, los de Garfield, 3 huevos Kinder y una caja de Gobstoppers para romperte la mandíbula.

Algo no me cuadra” –pensé–. Este tipo reprueba materias, trae pornografía a la escuela, le ve las chichis a la maestra y Santa Claus le trae toda la tienda de Toys ‘R Us. En cambio yo, un niño bien portado que le va medianamente bien en sus calificaciones y no anda acosando a nadie, recibo una cuarta parte del botín. Peor aún, Sotomayor (también le cambié el nombre, porque estoy seguro que él sí me lee), un niño que saca puro 10 en la escuela y es tan bueno como la encarnación de Jesucristo nuestro redentor, recibe pura pinche ropa y una pistolita de agua, de esas del mercado.

Esto huele mal. Santa y los Reyes están haciendo diferencias muy grandes sin coherencia alguna. Debemos salvaguardar los sentimientos de nuestra infancia, ellos son nuestro futuro y los estamos destrozando emocionalmente con estas diferencias. No solo es por la cantidad y calidad de regalos, sino por las características intrínsecas de Santa, los reyes o el resto de las criaturas fantásticas que visitan nuestros hogares.

Al igual que los contactos de pared, necesitamos regularizar y homologar a estos entrañables personajes. ¡Urge legislar!

Debemos ponernos de acuerdo para cuidar a nuestros críos, porque en la escuela se comunican, vastamente. Y no quieres que tus hijos empiecen a lucubrar y atar cabos.

Primero lo primero. ¿Quién trae regalos en navidad? Algunos dicen que Santa Claus y otros que el Niño Dios. Dejémoslo claro de una vez: el niño acaba de nacer, no trae nada consigo más que restos de placenta. En cambio Santa Claus tiene todo el equipo listo; un ejército de elfos sobre-explotados, una fábrica en el polo norte, un trineo que viaja a la velocidad de la luz con renos voladores y un costal con un interior más grande que un hoyo negro. Santa sabe caminar y comerse las galletas y leche bajo el árbol. El Niño Dios no sabe ni gatear, ¡¿cómo esperas que cargue una bicicleta?!

Segundo punto en la agenda. Santa y los Reyes deben llega a un acuerdo: ¿Quién trae qué? En algunas casas solo llega Santa, en otras solo los Reyes. En otras más, Santa trae juguetes y los Reyes ropa, pero en otras es justo lo contrario. No importa el veredicto, solo importa que se pongan de acuerdo porque están generando un pandemónium entre los niños.

Deben consolidar de una vez ciertos estatutos sobre la forma en que hacen su trabajo. ¿Van a dejar los regalos bajo el árbol, en los sillones o piso de la sala? ¿Envueltos o no envueltos? No pueden estar haciendo estas diferencias de casa en casa, señores.

En años recientes, las fechas decembrinas han visto el nacimiento de unos duendes que están generando caos. No por sus travesuras, sino porque están discriminando hogares. En algunos ya son una tradición consolidad mientras que en otra solo son un deseo profundo de los chiquillos porque los padres les cerraron la puerta como testigos de Jehová, no son bienvenidos. Esto representa un problema porque carcome de envidia a los niños que desean verlos en acción y simplemente no aparecen. O se van todos o llegan a todas las casas, no pueden hacer un Apartheid navideño con los niños como víctimas.

Existe por ahí otro ser mitológico, del que ya hemos hablado previamente. Ese que se escabulle para recolectar pedazos de restos humanos por alguna especie de filia o rito satánico. Hablamos del ratón de los dientes. O no. Porque en algunas casas no es ratón, es hada. La verdad suena mejor un hada; un roedor que transmite enfermedades y pestes, y se mete debajo de tu almohada mientras duermes no es nada atractivo, ni siquiera poniéndole un apellido para que suene más bonito.

Es hora de que el Ratón Pérez cuelgue los guantes y deje que el Hada de los Dientes se haga cargo del negocio. Sé que puede tener tintes monopólicos y eso no es bien visto en la Comisión Federal de Competencia Económica, pero debemos de pensar en los niños. ¿Qué queremos? ¿Una hermosa hada o una rata con posible rabia?

También están las Pascuas y los huevos de chocolate. Aquí nos enfrentamos a un tema de identidad de género: algunos dicen que llega el conejo de pascua, otros que la coneja. Somos inclusivos y no discriminamos, sólo hay que tener una misma versión para evitar confusiones.

El/la conejo/a Segundo también provoca un caos con los huevos que trae consigo. He vivido en carne propia tres versiones de su oferta:
1.     Trae huevos de chocolate, los típicos. Algunos con relleno de rompope y otros no, envueltos en papel metálico de colores chillantes.
2.     También se encuentras el servicio premium que solo llega al nivel socioeconómico ABC+, donde trae huevos Kinder y otros chocolates que ya ni huevo son, como Snickers y Milky Way.
3.     Recientemente conocí uno todavía más exclusivo, donde son huevos de plástico y tienen dinero adentro, con monedas y billetes de distintas denominaciones. Claramente ya no nos importa la resurrección de Cristo, sólo la cotización en la Bolsa de Valores, el precio de los CETES y el tipo de cambio en ventanilla.

Es cuestión de una década para que aparezca algún ser fantástico del Día de Muertos o Halloween, creo que debemos hacer una pausa cultural y poner en línea el desorden que ya tenemos antes de presentarnos nuevos personajes. Si no, vamos a terminar como la mitología mexica, que empezaron con Quetzalcóatl y terminaron con Tlaloc, Ehecatl, Coatlicue, Huehueteotl, Tonatiuh, Xochipilli, Tlazolteotl, Coyolxauqui,Huuitzilopochtli, Xolotl y Chalchiuhtlicue. Y el que mucho abarca, poco aprieta.

Dada la situación crítica actual, propongo crear la Comisión de Asuntos Internacionales de Seres Fantásticos en Protección de Nuestros Niños –o la CAISFPNN, por sus siglas en español–: un eje regulador que permita poner orden a esta marabunta de personajes, sus costumbres y descripción de actividades, con el fin de proteger, defender y amparar la tranquilidad de las nuevas generaciones.

En una segunda etapa de regularización abordaremos al coco, chaneques, trolls y monstruos en el closet. Con tu apoyo, este 1° de Julio podemos lograrlo.
Yes, we can.
Make our holidays great again.

martes, febrero 14, 2017

Se nos murió el amor

Siempre me ha intrigado mucho el tema de las preconcepciones. La vasta cantidad de información que creemos verdadera solo por el hecho de haberla escuchado tantas veces.

Creemos que la muralla china se ve desde el espacio –no se ve–, que no debes levantar a un polluelo porque tu olor hará que su madre lo rechace  –los pájaros no tienen buen sentido del olfato–, que tenemos zonas específicas en la lengua para detectar los diferentes sabores –no las tenemos–, que la NASA gastó millones para inventar una pluma que funcionara en el espacio mientras los rusos usaron un lápiz  –chistoso, pero falso–, que usamos el 10% de nuestro cerebro y éste se divide en el lado izquierdo para las funciones lógicas y derecho para las creativas –nel, pastel–.

Pero no, no nos dan calambres por meternos a la alberca después de comer. ¿Cuántas cosas creemos solo porque las hemos escuchado suficientes veces como para dejar de cuestionarlas?

Creo que somos especialmente vulnerables a estos sesgos de confirmación en temas del amor; tal vez por lo que nos dicta nuestra religión, por lo que nos dictan las costumbres sociales del país donde vivimos o por lo que vemos en películas de Hollywood.

Una de las preconcepciones más arraigadas en temas del corazón es que lo opuesto al amor es el odio. Lo creemos sin cuestionarlo, tiene sentido, nos acomoda y entonces así lo dejamos.

Cuando una pareja pasa por un divorcio, generalmente le sigue un periodo muy desgastante de hacerse daño o de ver quién saca ventaja. Esto surge por el odio. Siempre me había preguntado cómo puedes desear tanto mal y sentir tanto odio por la misma persona a la que le prometiste amor eterno.

Es porque el odio no es opuesto al amor. De hecho el odio es una forma de amor frustrado, en el cual se presenta una represión de sentimientos.

El odio es amor. Surge del mismo lugar, de los mismos sentimientos, pero con un ingrediente incorrecto o faltante. Es la misma energía canalizada distintamente.

Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia.

Creo que funciona similar a la diferencia entre calor y frío. Entre los estudiosos de la física, se dice que el calor y frío no son opuestos, sino que el frío es simplemente la ausencia de calor.

Cuando una persona ya no te importa, entonces hay ausencia de amor. Por lo mismo, también hay ausencia de odio. Es ese punto que alcanza la pareja divorciada donde ya pueden tener una relación cordial en beneficio de los hijos en común y viven en paz.

Cuando hay odio, hay mucho amor. Amor lastimado, reprimido. La dicotomía del amor es la desgana, es lo ajeno, es la ausiencia.

Cuando hay indiferencia, entonces sí, como dice Mijares: se nos murió el amor.

jueves, enero 19, 2017

De simbolismos y esas cosas


2016 fue el año en que mis quincenas tuvieron nombre y apellido. A diferencia de muchas realidades, no fue para pagar colegiaturas, ni para pasarle una pensión a una ex-esposa. Afortunadamente no fue para un médico, ni para pagar una deuda. Fue para Ocesa.

Alguien le embarró aguacate a todas sus negociaciones y lograron traer a la Ciudad de México eventos fenomenales como Roger Waters, Coldplay, The Rolling Stones, The Who y otros tantos que simplemente no hubo cartera que aguantara el paso.

Hoy me quiero enfocar en los dos primeros: Roger Waters y Coldplay.

No porque sean comparables en carrera, calidad musical, estilo o género; sino porque, de todos los eventos que pude presenciar en este año, estos dos fueron los más espectaculares. No se trata de definir cuál fue el mejor. Sino de contrastar a estas increíbles producciones, por su mensaje y no por su medio. Un mismo método pero con un enfoque opuesto.

Para continuar, en este momento te pido a ti, amable lector, que saques tu tapete de yoga, prendas un incienso, silencies tu mente y oxigenes tu cuerpo mediante respiraciones prolongadas. Namasté.

Ya que estamos en sintonía con el cosmos, conectados con la madre tierra y haciendo el saludo al sol, podemos entrar en la misma frecuencia. Vamos a abordar ambos conciertos desde lo que comunican, desde sus símbolos.

Ambos fueron espectaculares. Usaron juegos con luces, colores, accesorios y fuegos artificiales perfectamente sincronizados con la música. Los dos fueron igual de rimbombantes en la forma, pero diametralmente diferentes en el fondo. Hablemos del prana, amigos yogis; de la energía manifestada a través de las alegorías en las dos horas y media de cada concierto.

Una de las cualidades inherentes de la música es que nos une. Dos personas totalmente opuestas, con antecedentes y contextos ampliamente diferentes, pueden unirse bajo un mismo himno. La música desaparece las fronteras del sexo y preferencia sexual, del nivel socio-económico, del nivel educativo y de la religión. Al cantar una misma canción nos volcamos a la unidad, incluso levantando nuestros encendedores y prendiéndolos en singular ritmo.

El concierto de Roger Waters sin duda logró unirnos; lo consiguió como una manifestación del Zócalo, contenida en el Foro Sol, y como muchas de las manifestaciones, utilizó una máscara de justicia social para encubrir muchos sentimientos de frustración, enojo y división.

Sin embargo, lo importante no es el hecho de que la música nos una, sino cómo nos une. Bajo qué emociones logra esa conexión entre los asistentes. Roger Waters apela a nuestros instintos más salvajes, a los menos civilizados. A esos que conectan con el rencor social que, por mera casualidad, hacen más eco con los mexicanos que con otras culturas.

El ex-Pink Floyd utiliza un champurrado de situaciones ajenas a él para formar una ideología. Durante su concierto aparece un cerdo volando clamando justicia por los 43 desaparecidos, pidiendo la renuncia de un presidente que no es suyo, señalando a Donald Trump como un farsante y leyendo una carta señalando que debe reducirse la brecha entre ricos y pobres –muy cómo decirlo cobrando más de $10,000 por boleto, hospedándose en un hotel del lujo y viajando en avión privado–. No califico la autenticidad de sus mensajes, sino su propósito desde el escenario.

Sin duda logra unir a las miles de personas que se dieron cita esa noche en la Magdalena Mixhuca; lo consigue de manera muy eficaz: una coalición a través del rencor, a través de meter el dedo en la yaga.

En el otro lado del espectro está Coldplay, que usa la misma energía pero la canaliza como un coctel de Prozac y Rivotril.

Cuando Waters evoca a una manifestación del Zócalo, Coldplay me recuerda a una congregación krishna celebrando la vida. No hay máscaras de justicia social, simplemente un statement: A Head Full of Dreams. Todos juntos, como una sola cabeza llena de ilusiones. 

El concierto de Coldplay también logra unirnos. No con el grito de “¡fuera Peña!”, si no con pulseras llenas de luz que pulsan al unísono de la melodía.

Aquí no vuelan cerdos evocando asesinatos, aquí vuelan más papelitos que en Sabadazo, vuelan pelotas gigantes que ponen a jugar a los asistentes, que los unen en una celebración de la vida con títulos como Paradise, Adventure of a Lifetime, Viva la Vida y Up & Up.

Contrastan con los de Waters: Us and Them, Welcome to the Machine, Have a Cigar, Run Like Hell, Brain Damage y cierra el concierto con una canción que describe el sentimiento que genera: Comfortably Numb (cómodamente adormecidos) como opio del pueblo.

Cuando Waters apela a los sentimientos más bárbaros, Coldplay rememora la iluminación del espíritu. Incluso usa como estandarte la flor de la vida, un patrón ornamental que simboliza la armonía con todos y con todo.


Mientras Coldplay se fusiona con su audiencia en un escenario en medio de la gente, Waters lee una carta sobre la injusta separación entre ricos y pobres desde su escenario, inusualmente alto y alejado del público, a comparación de otros conciertos en el mismo venue.

Mientras Roger Waters evoca la destrucción, Coldplay invita a la construcción.
Mientras Roger Waters evoca a la violencia, Coldplay invita a la alegría.
Mientras Roger Waters evoca a la muerte, Coldplay invita a la vida.
Mientras Roger Waters evoca a la revolución, Coldplay invita a la evolución.

El mundo necesita más Coldplays y menos Rogers.

Shanti.



P.D. Hice estos dos videos para cada concierto, ilustran desde hace varios meses, sin querer, la reflexión plasmada aquí.

Coldplay:


Roger Waters:



sábado, diciembre 31, 2016

El Huevo Kinder

1974 - INTERIOR - BAR ITALIANO - DÍA

Es un caluroso día. Son las 12:37. El bar se encuentra semi-vacío. William Salice y André Roche están sentados en la barra, viéndose en el espejo detrás de las repisas que sostienen las botellas con un whisky en la mano, William lo paladea a temperatura ambiente mientras que André solicita más hielos cada cinco minutos, al grado que en su vaso queda más agua que whisky. El barista lava algunos tarros y pasa un trapo húmedo con olor a viejo sobre la barra. De fondo se escucha un radio con mala recepción: suena Annie’s Song de John Denver, éxito del momento con un toque de nostalgia digna de un bar a esa hora y con esa concurrencia.

***

WILLIAM
Tengo una idea que nos va a hacer millonarios.

ANDRÉ
¿Cuál?

WILLIAM
Vamos a venderle huevos a los niños.

ANDRÉ
¿Huevos?

WILLIAM
Sí, huevos.

ANDRÉ
Los niños odian el huevo.

WILLIAM
Pero es que éste es de chocolate.

ANDRÉ
¿Cómo?

WILLIAM
En vez de cascarón, tiene chocolate.

ANDRÉ
¿Por qué?

WILLIAM
¿Por qué no?


Ambos toman un trago de su vaso y hacen una pausa.


ANDRÉ
¿No puede ser algo más atractivo?

WILLIAM
¿Cómo qué?

ANDRÉ
‘Uta, no sé. ¡Un oso panda!

WILLIAM
¿Un oso panda?

ANDRÉ
Todo mundo ama a los osos pandas.

WILLIAM
Mmhh… No, un huevo… y en el centro tiene una especie de yema.

ANDRÉ
Pensé que era un chocolate macizo.

WILLIAM
No, casi todo es aire, solo el cascarón es de chocolate.

ANDRÉ
Nadie compraría un chocolate donde su ingrediente principal es… aire.

WILLIAM
Por eso se me ocurre la yema.

ANDRÉ
¿Y de qué es la yema? ¿Algún relleno espeso, como un chocolate de esos que hay en casa de la abuela y te decepcionan a la primer mordida?

WILLIAM
No, de plástico.


André regresa un poco de whisky a su vaso en asombro, casi como ahogándose.


ANDRÉ
¡¿De plástico?!

WILLIAM
Sí. Color amarillo, como la yema.

ANDRÉ
Está asqueroso.

WILLIAM
¡Nah!

ANDRÉ
…y peligroso.

WILLIAM
¿Por qué?

ANDRÉ
Un niño podría ingerirlo en la mordida y sofocarse.

WILLIAM
¡Nah! A lo mucho lo prohibirán en Estados Unidos.

ANDRÉ
De todas formas no creo que nadie muera.

WILLIAM
Exacto.

ANDRÉ
Porque nadie va a comprar un huevo café relleno de aire y una yema amarilla de plástico.

WILLIAM
Y la parte interna del chocolate es blanca como la clara de un huevo.

ANDRÉ
¿Por qué harías eso?

WILLIAM
Para decir que está hecha de leche.

ANDRÉ
Todos los chocolates tienen leche.

WILLIAM
Sí, pero este será nuestro posicionamiento nutritivo.


Termina Annie’s Song de John Denver en la radio, después de unas palabras en italiano del locutor, empieza a sonar Jazzman de Carole King.


ANDRÉ
¿Y por qué la yema es de plástico?

WILLIAM
Porque adentro trae un juguete.

ANDRÉ
¡Todo este tiempo me imaginé un huevo de gallina, no de avestruz!

WILLIAM
Es un huevo de gallina.

ANDRÉ
¿Y como vas a meter un juguete adentro de un huevo de gallina?

WILLIAM
Es un juguete muy pequeño.

ANDRÉ
Inservible.

WILLIAM
¿Qué más da? Es un juguete, los niños aman los juguetes.

ANDRÉ
¿Que tipo de juguete?

WILLIAM
El niño lo tendrá que armar. Vendrá con instructivo y todo.

ANDRÉ
¿Con todo e instructivo?

WILLIAM
Sí.

ANDRÉ
Guau.

WILLIAM
¿Qué?

ANDRÉ
¿Cómo llegaste a todo esto?

WILLIAM
Estoy aquí desde el martes.

jueves, diciembre 15, 2016

El Pollo

La mejor forma de aprender, la mejor forma de percibir el mundo y de digerirlo es a través del juego. Es más divertido Waze que Google Maps porque sumas puntos al reportar cosas en tu camino, aunque no ganas nada con esos puntos. Lo mismo con Trip Advisor, donde te haces acreedor a insignias por cooperar, que no sirven para nada más que para alimentar un extraño ego disfuncional.

En la infancia era igual, y la mejor forma de entender el mundo era a través del juego. A tal grado que inventamos juegos para iniciar otros juegos, un juego dentro de un juego: INGAMEPTION. Llamémosles pre-juegos, pues.

Algunos pre-juegos eran ‘Zapatito Blanco-Zapatito Azul’, ‘Pin-Pon-Papas’, ‘¿Con qué dedito te pi-qué?’ –suena espantoso ese, ahora en la edad adulta y cochambrosay ‘En el Río Titicaca una vieja se hizo caca’. Estos pre-juegos servían para definir la primicia para tomar turnos en el juego en puerta. Supongo que los niños de ahora deben usar un app para esto.

También existía ‘Gallo-Gallina’, que consistía en avanzar paso a paso, tocando la punta del pie con el talón del otro, hasta alcanzar a tu oponente. El primero en pisarle el pie al otro ganaba. Luego algún gandaya se inventó el recurso del “pollito” para tomar una desleal ventaja, una especie de comodín voluntarioso que permite recortar una pisada con el objetivo de dejar al otro en desventaja.

Sorprendentemente nadie se inventó el “huevo”. ¡Qué burros! Por sus cualidades físicas podía ser algo así como el Expecto Patronum del ‘Gallo-Gallina’. Con su superficie redonda podrías haber definido que su cualidad era rodar hasta pisar los pies del contrincante o alguna jalada así.

Mucho nos cuestionamos sobre el huevo, la gallina, el gallo y el pollo. ¿Quién fue primero? ¿Por qué cruzó el camino? y recientemente me surgió una nueva: ¿Cuál comemos? ¿Lo que comemos realmente es pollo o es una gallina con buen marketing detrás, para que suene más apetitoso?

En mi cabeza los pollos son chiquitos, como los de feria –¡¿quién creyó que era buena idea regalar un pollo en una feria?!, son pollos que caben en una mano. Al ver el tamaño de unas buffalo wings tiene todo el sentido, pero luego compro un pollo rostizado y algo no me cuadra. El pollo parece una versión aviar de Jack, el niño con cuerpo de Robin Williams en la película de 1996.

En mi libro académico ‘Disertación Sobre las Diferencias de la Familia Phasianidae del Orden Galliforme y sus Implicaciones Nutricionales en Función de la Sociedad Post-moderna’ abordé esta temática de trascendencia cultural con las siguientes conclusiones:

Resulta que no es una estrategia de marketing. Sí estamos comiendo pollo, o sea el hijo del gallo y la gallina que todavía no es adulto. Está súper cruel eso, nos convierte en asesinos de menores.

Un pollo se considera pollo hasta los 5 meses de edad, después de eso le hacen su Bar Mitzvah y se convierte en gallo o gallina según sea el caso. Cuando comemos pollo, éste tiene aproximadamente 2 meses de edad, ¡todo un polluelo! valga la expresión.

Lo que pasa es que en esos meses crece mucho, como en esteroides. ¡Casi como si le hubieran metido hormonas! ¡Sacrilegio!

Cometemos la atrocidad de comernos a estas indefensas crías porque su carne es suave. La carne de gallina en cambio tal vez con los achaques de la vida se hace más dura. Lo mismo con el gallo, además de que si no se cose de manera adecuada tiene un sabor agrio, supongo que por las presiones de su trabajo.

Entonces decidimos su estructura social de manera bastante canija. Fungimos como padrotes de las gallinas y las criamos para que pongan huevos, una y otra vez. Los gallos son muy gallos, entonces necesitas uno, a lo mucho un par, para fecundar al resto de las gallinas. El resto de los gallos nunca llegan a ser gallos y acaban con un plato de mole o en unas alitas de Hooters. Más o menos aplica la misma ley del barco hundiéndose pero al revés: Niños y mujeres primero.

Y pus ya, queda resuelta la duda del pollo.